jueves, 21 de diciembre de 2017

¿El fin de los kebabs? La historia completa

Últimamente se ha hablado mucho del kebab debido a noticias que advertían de su supuesta prohibición. Aunque algunos organismos oficiales trataron de desmentir esa información, aún existe mucha confusión al respecto, así que, aprovechando que recientemente se ha conocido el final de esta historia, trataremos de aclarar las cosas de una vez por todas para saber si finalmente podremos comer kebabs o si hay algo que deba preocuparnos.


El origen del lío

El Parlamento Europeo emitió el pasado 28 de noviembre una nota de prensa en la que decía textualmente: "Eurodiputados actúan para bloquear el uso de fosfatos en kebabs". Esta información, sobre la que nos detendremos más adelante, provocó enfado y temor en muchos productores, especialmente en Alemania, donde este alimento tiene una presencia más notable que en otros países del viejo continente. En sus declaraciones, los empresarios venían a decir que los fosfatos son aditivos imprescindibles para la fabricación del kebab y que sin ellos el sector sufriría importantes pérdidas. Fue entonces cuando algunos medios comenzaron a publicar noticias en las que se decía que la vida del kebab estaba amenazada. Este mensaje, que ya era poco riguroso, se fue distorsionando al estilo del teléfono estropeado, de manera que en infinidad de medios de diferentes países pudimos leer noticias en las que se aseguraba que la Unión Europea iba a prohibir los kebabs debido a que los fosfatos con los que estaban elaborados suponían un riesgo para la salud. 


¿Qué ocurrió realmente?

Ante el revuelo formado, el Parlamento Europeo tomó cartas en el asunto para tratar de esclarecer la situación. Lo hizo por ejemplo a través de Twitter con varios mensajes que tuvieron amplia difusión. Además, muchos medios de comunicación publicaron noticias para desmentir las informaciones falsas. A pesar de todo ello existe aún mucha confusión al respecto, así que veamos qué fue lo que realmente ocurrió.




Lo primero que debes saber es que el kebab no se va a prohibir. La Comisión Europea no contempló esa opción en ningún momento. De lo que trataba todo este lío era de la posibilidad de aprobar el uso de fosfatos para la elaboración de ese producto. Esto era algo que venían demandando desde hace tiempo los productores, quienes empleaban esos aditivos de forma habitual, a pesar de que la legislación no permitía su uso en todos los casos. Ante esta situación la Comisión Europea planteó la posibilidad de que fueran admitidos. Esta propuesta fue bloqueada por la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, tal y como se informó a través de la nota de prensa que originó toda la polémica. La decisión fue tomada por el temor a que estos aditivos supusieran un riesgo para la salud, ya que algunos estudios los relacionan con enfermedades cardiovasculares. En cualquier caso, este bloqueo no era definitivo, ya que debía ser ratificado por la mayoría absoluta del pleno del Parlamento Europeo, algo que finalmente no ocurrió (por una  diferencia de tan sólo tres votos). Es decir, la propuesta de la Comisión Europea finalmente salió adelante, lo que significa que los fosfatos podrán ser utilizados en la elaboración de kebabs. Pero, ¿por qué había tanto empeño por parte de los productores para que se admitiera el uso de estos aditivos? ¿Por qué los empleaban cuando se supone que no estaba permitido? Y lo que es más importante, ¿suponen un riesgo para la salud? Para responder a estas preguntas primero debemos entender cómo se elabora un kebab, así que veamos.

¿Cómo se hace el kebab?

Antes de nada habría que aclarar que la palabra "kebab" es un término muy amplio, al menos en Oriente Medio y en otros países asiáticos o musulmanes, donde abarca una gran variedad de platos de carne a la parrilla, normalmente de especies diferentes al cerdo por cuestiones religiosas. Entre esas variedades se encuentra el döner kebab (literalmente "kebab giratorio") que es el que todos conocemos como "kebab" en Europa. En este continente se popularizó después de que inmigrantes turcos lo introdujeran en Berlín en la década de 1970, aunque en realidad este rollo de carne fue inventado por un cocinero en la localidad turca de Bursa durante el siglo XIX. En España este producto se conoce desde hace relativamente poco tiempo y aún hoy causa desconcierto y desconfianza en muchas personas a las que sigue resultando extraño contemplar un rollo de carne giratorio cuyo origen y composición no pueden identificar a simple vista. Ahora bien, eso no significa que este producto proceda de lugares extraños o contenga ingredientes peligrosos (otra cosa son las prácticas de higiene y manipulación, pero de todo eso hablaremos más adelante).

En Internet se suele bromear con esta imagen para decir que el origen del döner kebab es este animal (una alpaca), debido a la forma en la que aparece. Hay incluso quien se lo cree... (Fuente)

Es cierto que cuando acudimos a un establecimiento en el que se sirven kebabs no tenemos acceso a ningún etiquetado en el que se muestren los ingredientes del producto y esto contribuye a la desconfianza que acabamos de mencionar. En realidad es lo mismo que sucede en otros establecimientos que no suelen generar tanto recelo, como los restaurantes tradicionales o los comercios en los que se sirven alimentos sin envasar (por ejemplo panaderías o pastelerías). Aunque a decir verdad, no en todos sucede eso. Hay quien de forma voluntaria ofrece esa información a sus clientes, algo que es de agradecer, pero que no es obligatorio por ley. Lo que sí es obligatorio es que los productores conozcan, controlen y registren perfectamente los ingredientes de los alimentos que elaboran. Y esto también incluye los kebabs. Así que, aunque para el gran público los ingredientes y los métodos de elaboración de estos productos son desconocidos, en realidad no suponen ningún misterio. Ya hablamos hace tiempo sobre ello, pero recordémoslo brevemente. Podríamos decir que existen dos métodos diferentes para elaborar los kebabs, según el tipo de carne de que se trate.

Como puedes ver en esta imagen, en los kebabs de ternera (rollo de la izquierda) no se distinguen las piezas de carne, mientras que en los de pollo sí (rollo de la derecha). Esto es debido a que se elaboran de maneras diferentes. (Fuente)

Kebab de pollo
Como puedes ver en el vídeo que hay bajo estas líneas, para elaborar este tipo de kebab se parte de carne de pollo deshuesada, limpia y troceada que se introduce, junto con las especias y aditivos deseados, en un tambor rotatorio para facilitar la mezcla de los ingredientes y el ablandamiento de la carne como consecuencia de la ruptura de las fibras musculares. Una vez que las piezas están listas, se colocan sobre una barra vertical para formar el cuerpo del kebab, se envuelve todo con un film y se ultracongelan a temperaturas que rondan los -40ºC.

Kebab de ternera
En el caso del kebab de ternera lo que se hace para conseguir el rollo característico es picar la carne muy finamente en una máquina llamada cutter, donde además se añade el resto de los ingredientes para formar una emulsión cárnica. Posteriormente la masa formada se introduce en un extrusor para formar tortas de diferentes tamaños que después son apiladas en un soporte vertical, colocando piezas de carne marinada entre ellos para conformar el cuerpo del kebab. Por último, el rollo se envuelve con un film y se somete a ultracongelación.


Puedes ver más recursos en vídeo: 12,


¿Qué ingredientes llevan los kebabs?

No todos los kebabs son exactamente iguales. La receta depende de la decisión del fabricante, que la elabora atendiendo a los gustos de los consumidores y considerando las limitaciones que marcan la legislación y la tecnología. También es muy habitual que los productores adquieran mezclas ya preparadas de diferentes especias y aditivos para no tener que complicarse la vida comprándolos por separado, calculando proporciones y haciendo pesajes. En cualquiera de los casos, el producto está formado generalmente por los siguientes ingredientes:
  • carne, que normalmente es de pollo o ternera, aunque también puede ser de cordero. Lo que es más raro es utilizar carne de cerdo, ya que el kebab es de origen musulmán, religión que prohíbe a sus fieles comer este animal.
  • sal, que se utiliza para potenciar el sabor y también para mejorar la textura del producto 
  • especias, que son las que aportan el sabor y aroma característicos del kebab. Normalmente se emplea lo que se conoce como ras el hanut, que es una mezcla de diferentes especias que suele incluir pimienta negra, comino, cardamomo, nuez moscada, canela, pimentón, jengibre, etc. En cualquier caso, como consumidores no tenemos forma de saber qué especias concretas incluye la formulación del kebab, ya que no hay obligación de especificarlas en el etiquetado a no ser que su peso supere el 2% del peso del producto, así que forman parte del secreto industrial
  • diferentes aditivos, que se utilizan con fines tecnológicos, principalmente con la intención de mejorar el sabor, la textura y la conservación del producto. Lo más frecuente es emplear potenciadores de sabor (glutamato monosódico), acidulantes, emulsionantes y antioxidantes. 

A decir verdad, no existe una receta única para este producto de origen magrebí, que recibe el nombre de ras el hanout (en castellano "la cabeza de la tienda") porque hace referencia a la mejor mezcla de especias que el mercader puede ofrecer. 

Aditivos
Los aditivos suelen provocar desconfianza en muchas personas, pero debes saber que su uso es seguro y por eso precisamente están autorizados por la legislación, incluyéndose en lo que se conoce como lista positiva de aditivos. Para ello deben haber sido evaluados toxicológicamente y sometidos a ensayos que demuestren su inocuidad. De ello se encargan el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), quienes establecen además dosis máximas de empleo para cada aditivo con amplios márgenes de seguridad, considerando, entre otras cosas, la ingesta a lo largo de toda la vida de una persona y los hábitos dietéticos de la población. En cualquier caso, la autorización de estas sustancias, así como el establecimiento de sus dosis de empleo permitidas, no son decisiones inamovibles. Si en función de la evolución de los conocimientos científicos o de los cambios en los hábitos de consumo surge alguna duda sobre su seguridad, se toman medidas al respecto, ya sea disminuyendo la dosis permitida o incluso retirando su autorización.


Por otra parte, es importante tener presente que las listas de aditivos son específicas para cada categoría de alimentos, es decir, no todos los aditivos pueden ser empleados en todos los alimentos. De hecho hay algunos, como la carne fresca, el aceite o la miel, a los que no se les puede añadir ninguna de estas sustancias. Y es que no hay que olvidar que los aditivos se utilizan únicamente con fines tecnológicos, así que su uso para cada categoría de alimentos sólo se aprueba si existe una necesidad justificada. Así, a la hora de elaborar la formulación de un producto es importante tener claro en qué categoría se clasifica para poder saber qué aditivos que se pueden emplear. Esto es particularmente relevante en este caso, en el que se debatía el uso de fosfatos en kebabs, y explica en gran parte el origen de la polémica. Así pues, veamos de qué tipo de producto estamos hablando.


¿Qué tipo de producto es un kebab?

Como verás, la respuesta a esta pregunta tiene más enjundia de lo que podría parecer en un principio. Está claro que un kebab es un derivado cárnico, pero lo importante es saber de qué tipo. La legislación europea clasifica los derivados cárnicos en dos categorías:
  • preparados de carne, donde se incluyen los productos elaborados a partir de carne fresca a la que se han añadido productos alimenticios, condimentos o aditivos, o que ha sido sometida a transformaciones que no bastan para alterar la estructura interna de la fibra muscular ni, por lo tanto, para eliminar las características de la carne fresca. Este tipo de productos se clasifica además en dos subcategorías: 
    • preparados de carne sin transformar, que son los que no han sido sometidos a una transformación, es decir, los que solamente han sido cortados, deshuesados, picados, refrigerados, congelados o ultracongelados. Por ejemplo, un filete de carne cruda empanado.
    • productos transformados, que son los que se obtienen a partir de la transformación de los anteriores mediante operaciones como el tratamiento térmico, el ahumado, el curado, la maduración, el marinado, etc. 
  • productos cárnicos, que son los que sufren transformaciones que alteran la estructura de la fibra muscular y que provocan que la superficie de corte muestre que el producto ha dejado de poseer las características de la carne fresca. Por ejemplo, una salchicha tipo Frankfurt.
Clasificación de los derivados cárnicos. 1 Solamente se añaden ingredientes, sin transformación posterior. " Se someten a una transformación posterior, pero insuficiente para alterar la estructura interna de la fibra muscular. 3 La transformación a la que se someten altera las características de la carne fresca. (Fuente)

En definitiva, la clave para clasificar un derivado cárnico en uno u otro grupo se encuentra en el grado de transformación: si ha sido suficiente para alterar la estructura interna de la fibra muscular y la superficie de corte, se considera un producto cárnico. En caso contrario se clasifica como preparado de carne. Teniendo en cuenta los procesos de elaboración que hemos descrito anteriormente, en principio podría parecer que el kebab de ternera, donde la carne sufre un picado intenso junto con diferentes sustancias para formar una emulsión cárnica, entraría dentro de la clasificación de producto cárnico, pero ya veremos que en realidad no es así. ¿Y qué sucede con el kebab de pollo? Uno de los tratamientos a los que se somete la carne de pollo durante el proceso de elaboración es el adobo o marinado, es decir, se trata de una transformación, por lo que en principio este producto sería un preparado de carne transformado. Sin embargo, si el proceso de maceración es prolongado o si el tratamiento en el tambor rotatorio es intenso, podría producirse una desnaturalización completa de las proteínas de la fibra muscular. En estos casos, se podría considerar que estamos ante un producto cárnico.

La carne y sus derivados se clasifican en tres diferentes grupos dependiendo de su grado de transformación. (Fuente)


Quien decide en qué grupo se clasifica cada producto es el propio fabricante, ya que es el responsable de su elaboración y conoce los procesos aplicados y el grado de transformación sufrido. Eso sí, su decisión debe estar argumentada suficientemente ya que puede ser requerida por las autoridades que realizan los controles. Lo cierto es que las desavenencias entre unos y otros son frecuentes a la hora de decidir estos aspectos. Así se refleja en un informe de la Comisión Europea publicado este mismo año, que concluyó que en algunos Estados miembros, las autoridades y los operadores del sector alimentario hacen interpretaciones diferentes, a veces erróneas, de la legislación comunitaria sobre preparados y productos cárnicos, lo que resulta en una aplicación no uniforme de la normativa. Esto es precisamente lo que ocurría con los kebabs a la hora de utilizar los fosfatos, unos aditivos que estaban permitidos en productos cárnicos pero que sólo se podían emplear en algunos preparados de carne, donde no se incluían los kebabs. Por eso muchos productores los utilizaban, al interpretar que los kebabs que se clasifican como productos cárnicos. Ante esta situación, la Comisión Europea decidió que era necesario unificar la normativa y por eso propuso admitir el uso de fosfatos en los kebabs. Hay que aclarar que la legislación clasifica los kebabs como preparados de carne al menos desde el año 2014, al considerar que se trata de carne (picada o no) a la que se han añadido diferentes ingredientes y que ha sido sometida a congelación. Además la apariencia del producto final recuerda a la de la carne fresca (la superficie de corte no muestra que el producto haya dejado de poseer las características de la carne fresca). Es por ello que hasta hace unos días el uso de fosfatos en los kebabs no estaba permitido.


Como puedes ver en el listado de ingredientes de este etiquetado de kebab de pollo, algunos productores emplean fosfatos desde hace años. En este caso concreto se trata de difosfatos (E 450), trifosfatos (E 451) y polifosfatos (E 452). 

¿Qué son los fosfatos?

¿Por qué tanto empeño en utilizar fosfatos? ¿Qué son y para qué se utilizan? Los fosfatos son las sales del ácido fosfórico (E 338), un compuesto que se extrae a partir de rocas de fosfato y que es bastante conocido por formar parte de la formulación de la coca-cola y de otras bebidas carbonatadas, en las que se emplea como acidulante. En la actualidad la legislación alimentaria permite el uso de ocho fosfatos diferentes: ácido fosfórico (E 338), fosfatos de sodio (E 339), fosfatos de potasio (E 340), fosfatos de calcio (E 341) y fosfatos de magnesio (E 343), que contienen una molécula de potasio y se distinguen en el catión al que está unida; difosfatos (E 450), formados por dos moléculas de fosfato; trifosfatos (E 451), constituidos por tres moléculas de fosfato y polifosfatos (E 452), que están formados por más de tres moléculas de fosfato. Estos aditivos tienen numerosas aplicaciones de interés y por eso se utilizan en una amplia variedad de productos. Se emplean por ejemplo como estabilizantes en algunos productos lácteos; como componentes de las "sales de fusión" que forman parte del queso fundido, donde tienen la función de evitar que la grasa se separe del resto de los componentes; como mejorantes de la masa panaria en algunos tipos de pan; como gasificantes combinados con bicarbonato sódico; como antioxidantes, al actuar como secuestrantes de metales, etc. 


Los fosfatos derivan del ácido fosfórico, una sustancia compuesta por fósforo. En la actualidad, la ingesta diaria admisible es de 70 mg/kg peso corporal día.

Aplicaciones en productos cárnicos
Una de las principales aplicaciones de los fosfatos es su uso en productos cárnicos, donde ejercen diferentes funciones tecnológicas. Se emplean sobre todo para regular el pH (con el objeto de aumentarlo o mantenerlo estable) y para facilitar la solubilización de las proteínas, lo permite aumentar la capacidad de retención de agua. Esto significa que el producto no perderá jugos durante el almacenamiento o el cocinado y conservará la jugosidad y el sabor. Además los fosfatos permiten formar uniones entre las proteínas de modo que las diferentes piezas del kebab queden ligadas y la congelación y el cocinado sean uniformes. Todas estas propiedades son las que explican la necesidad de los productores por utilizar estos aditivos, tal y como recogió la Comisión Europea en la propuesta que finalmente fue aprobada, en la que se incluía el uso de  ácido fosfórico (E 338), difosfatos (E 450), trifosfatos (E 451) y polifosfatos (E 452) en kebab.


Los fosfatos ayudan a unir las diferentes piezas de carne que conforman el kebab. (Fuente)


Aspectos negativos y seguridad 

Hasta ahora sólo hemos hablado de las ventajas de los fosfatos, pero ¿hay algún aspecto negativo?¿Por qué hasta hace una semana no se había aprobado su uso en kebabs y por qué la propuesta de la Comisión Europea fue inicialmente bloqueada? Acabamos de mencionar que los fosfatos aumentan la capacidad de retención de agua de las proteínas. Esto, que en principio es algo positivo, puede ser utilizado con fines fraudulentos o poco éticos, ya que permite al fabricante añadir más cantidad de agua al producto y venderla a precio de carne. Por eso la legislación limita la cantidad de fosfatos permitida en productos cárnicos. Por otra parte, hasta ahora no se había aprobado su uso en kebabs por varios motivos. Uno de ellos es que estos productos suelen servirse en establecimientos de restauración donde, al carecer de etiquetado, el consumidor no puede conocer la presencia de fosfatos, encontrándose así desprotegido. Otro de los motivos es el de limitar la exposición de la población a estas sustancias, que ya se encuentran presentes en muchos productos alimenticios (no olvidemos que a la hora de evaluar su seguridad se considera el conjunto de la dieta). Pero lo más importante es el motivo por el que la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria bloqueó la propuesta inicial de la Comisión Europea (CE). Según sus declaraciones, fue rechazada debido a una "seria preocupación acerca del impacto sobre la salud de los fosfatos empleados como aditivos alimentarios". Este temor se basa en las conclusiones de un artículo de revisión publicado en 2012 en el que se hablaba de una relación potencial entre los fosfatos empleados como aditivos alimentarios y el incremento de riesgo cardiovascular.


Éste es el artículo en el que se apoyó la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad alimentaria para bloquear la propuesta de la CE con respecto al uso de fosfatos en kebabs.


¿Entonces por qué la propuesta finalmente salió adelante? A raíz de la publicación de ese artículo, la Comisión Europea preguntó a la EFSA acerca de la seguridad de estas sustancias, así que en el año 2013 publicó una evaluación en la que concluyó que a partir de ese estudio, que era observacional, no era posible establecer una relación causa-efecto y que a partir de la evidencia revisada no estaba claro si el aumento del riesgo cardiovascular observado en esos estudios se debía a las diferencias en la ingesta de fósforo. Ahora bien, ahí no queda la cosa. Posteriormente se publicaron más estudios relevantes sobre el tema. Por ejemplo, en el año 2014 una publicación también sugirió la existencia de una relación entre las dietas altas en fósforo y el incremento de la mortalidad en la población (concretamente en la estadounidense). Sin embargo durante este año 2017 un artículo de revisión concluyó que no hay evidencia suficiente para determinar el riesgo de estos aditivos. Así pues, ¿en qué quedamos? ¿El uso de fosfatos supone un riesgo para la salud? Lo que de momento parece claro son dos cosas. La primera de ellas es que la cantidad de fósforo y fosfatos en la dieta de la población general es muy elevada (recuerda que se trata de aditivos que se emplean en una gran variedad de alimentos debido a sus funciones tecnológicas). Es precisamente por eso y no por que sean "venenosos" por lo que su consumo podría ser preocupante. La segunda cuestión es que se hace necesario realizar más evaluaciones sobre su seguridad para determinar su posible relación con el aumento del riesgo cardiovascular. Por el momento habrá que esperar hasta diciembre del año 2018, que es cuando la EFSA tiene previsto publicar una evaluación al respecto. Considerando lo que acabamos de mencionar, podría ser que se redujeran las dosis de empleo admitidas para estos aditivos, pero ya veremos.

En esta publicación la EFSA evaluó el artículo de revisión en el que se alertaba de los posibles riesgos de los fosfatos.

Entonces ¿podemos comer kebabs con tranquilidad o no?

El kebab es un producto que a día de hoy no goza de muy buena fama en España. Como ya hemos mencionado, muchas personas recelan de él por distintos motivos. ¿Podemos estar tranquilos a la hora de comerlo o realmente hay algún motivo de preocupación? Veamos.

Seguridad alimentaria
Una de las cuestiones que más preocupa a la población cuando se trata de kebabs es el origen de los ingredientes. La imposibilidad de identificar a simple vista las piezas de carne en el producto terminado despierta bastantes temores, que se ven alimentados además por el peculiar aspecto de la emulsión cárnica que se forma durante el proceso de elaboración. Esto da pie a algún que otro mito, como el que afirma que en la picadora de carne se introducen animales enteros (picos, plumas y patas incluidos). Nada más lejos de la realidad. Como ya mencionamos en alguna otra ocasión, el uso de estas partes y de otras similares está totalmente prohibido para la elaboración de alimentos.

Durante la elaboración de los kebabs de ternera la carne se pica muy finamente para obtener una emulsión cárnica, que tiene este aspecto tan peculiar. No hay de qué preocuparse. Su apariencia se debe simplemente al grado de picado de la carne y a la adición de sustancias que favorecen la disolución de las proteínas (por ejemplo sal, fosfatos, etc.).

También se suele decir que para elaborar estos productos realmente no se emplea carne de ternera o de pollo sino que se utilizan otros animales. A este respecto debes tener presente que todos los alimentos son susceptibles de ser adulterados. Es es algo que se hace sobre todo con el fin de sacar más rendimiento económico y que es más frecuente en alimentos de alto valor (jamón ibérico, aceite de oliva, atún rojo, carne de buey, etc.), aunque también en los que están formados por ingredientes no identificables a simple vista, como por ejemplo los kebabs. Pero ¿realmente se comete fraude en este tipo de productos?  En el año 2014, tras el escándalo de los productos cárnicos adulterados con carne de caballo se publicaron varios informes que estudiaban posibles fraudes en la carne de kebab. Uno de ellos, llevado a cabo por una organización de consumidores del Reino Unido, encontró que un tercio de los kebabs de cordero analizados (n=60) contenía carne de otras especies. Estos resultados llevaron a las autoridades sanitarias a investigar más a fondo, llegando a conclusiones similares.  Mientras tanto, en España otra organización de consumidores publicó un informe en el que se advertía que los kebabs de ternera contenían carne de pollo, pavo y caballo, algo que llenó infinidad de titulares en la prensa. Ciertamente, en los kebabs de ternera es relativamente frecuente encontrar otras carnes más baratas en diferentes proporciones, sobre todo de pollo o pavo, pero esto sólo supone un fraude en caso de que no se advierta al consumidor sobre ello, ya sea mostrándolo en el etiquetado o anunciándolo en el restaurante. Por otra parte, la cantidad de pavo y caballo encontrada suponía menos del 1% del producto, lo que significa que su declaración no es obligatoria, al considerarse que su presencia es fortuita y que lógicamente no se hace con fines fraudulentos. En cualquier caso hay que considerar que el número de muestras analizado en ese estudio era demasiado pequeño (n=25) como para poder extraer conclusiones generales.


Este etiquetado corresponde a un kebab de ternera. Como puedes ver, sólo contiene un 51% de carne de este animal. El resto de las carnes son de pavo (15%) y de pollo (11%). Y eso a pesar de que se puede adivinar que su nombre incluye las palabras "loncheado de ternera". 

Otra cuestión que suele preocupar a la población con respecto a los kebabs es la presencia de aditivos. Entre ellos hay que hacer especial mención a los fosfatos, que despiertan gran interés debido a las noticias publicadas recientemente. Como ya hemos mencionado, su posible riesgo se debería a la elevada cantidad que ingerimos habitualmente y no a su toxicidad. En cualquier caso, el aporte de fosfatos a la dieta a través de los kebabs no debería ser muy significativo, teniendo en cuenta que se trata de un producto cuyo consumo debería ser ocasional.

Por otra parte, lo que quizá genera más desconfianza en la población son las prácticas higiénicas y sanitarias relacionadas con la manipulación de alimentos en los establecimientos en los que se sirven kebabs. En este caso podríamos decir algo parecido a lo que mencionamos cuando hablamos del fraude: todos los alimentos son susceptibles de estar contaminados. El kebab tampoco se libra y de vez en cuando aparecen noticias de productos contaminados y de brotes alimentarios asociados a su consumo. En estos suelen estar implicadas las salsas y las verduras crudas contaminadas (lechuga), aunque también la propia carne. Los motivos son variados, pero podríamos destacar algunas prácticas de riesgo, como no refrigerar las salsas, lavar insuficientemente las verduras (especialmente la lechuga), no lavarse adecuadamente las manos y, por supuesto, recalentar y refrigerar el rollo de carne sucesivamente a lo largo de las diferentes jornadas de trabajo. Si esto de por sí ya no es recomendable con ningún alimento, en este caso lo es aún menos. No olvidemos que se trata de carne cruda que se cocina en el momento y que además la combinación de tiempo y temperatura no siempre es suficiente para eliminar la posible contaminación microbiana. De todos modos, cuando hablamos de seguridad alimentaria no debemos fijarnos solamente en los microorganismos patógenos como fuente de contaminación. Sin ir más lejos en octubre de este año pudimos conocer una noticia que nos informaba de la detención de tres empleados de un establecimiento de kebabs por intoxicar involuntariamente a varios clientes con alimentos contaminados con raticida.

Esta es la cocina del establecimiento en el que varias personas fueron intoxicadas con kebabs contaminados con raticida. Las correctas prácticas de manipulación son fundamentales en cualquier establecimiento que sirva alimentos. (Fuente)


Aspectos nutricionales
Hemos dejado para el final una de las cuestiones más importantes a tener en cuenta para responder a la pregunta que planteamos al comienzo de este apartado. Si consideramos los aspectos nutricionales, no debemos olvidar que el kebab entra dentro de la categoría de carne procesada, así que a la vista de las evidencias científicas y de las recomendaciones publicadas por diferentes entidades relacionadas con la salud, como la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard o la Organización Mundial de la Salud deberíamos evitar su consumo.  Esto es debido principalmente a que estos productos se relacionan con el aumento del riesgo de cáncer colorrectal, algo sobre lo que ya hablamos ampliamente en otra ocasión. No hay que olvidar además que este tipo de carne se consume acompañada de salsas y pan blanco, así que al final nos encontramos ante un producto con elevadas proporciones de sal, grasas de mala calidad y harinas refinadas y que posee una alta densidad energética. En definitiva, un producto que no tiene nada de saludable.

“Derechos de autor © 2011 Universidad de Harvard. Para más información sobre El Plato para Comer Saludable, por favor visite la Fuente de Nutrición, Departamento de Nutrición, Escuela de Salud Pública de Harvard, http://www.thenutritionsource.org y Publicaciones de Salud de Harvard, health.harvard.edu.”

Resumen

  • Recientemente se ha generado una intensa polémica en torno a los kebabs a raíz de muchas noticias en las que se decía que este alimento iba a ser prohibido en la Unión Europea por contener fosfatos peligrosos para la salud
  • En realidad lo que ocurrió fue que la Comisión Europea propuso que estos aditivos fueron aprobados para la elaboración de este producto y la medida fue bloqueada por la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria basándose en estudios que relacionaban estos compuestos con el incremento de riesgo cardiovascular
  • En la votación final del pleno del Parlamento Europeo, finalmente el bloqueo no fue ratificado y el uso de fosfatos en kebabs fue aprobado. 
  • La propuesta inicial de la CE (y la decisión final) se basa en una evaluación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que indica que no es posible establecer una relación causa-efecto entre los fosfatos y el aumento de riesgo cardiovascular
  • Lo que sí parece claro que la población está expuesta a elevadas concentraciones de estas sustancias, debido sobre todo a que se utilizan ampliamente en la elaboración de productos alimenticios por sus numerosas propiedades tecnológicas. 
  • La EFSA reevaluará estos aditivos y su dictamen será publicado en diciembre de 2018.
  • Los kebabs se elaboran básicamente con carne (sobre todo de ternera o pollo, aunque también de cordero), sal, especias y diferentes aditivos que ejercen funciones tecnológicas. 
  • Para conocer qué aditivos se pueden emplear en estos productos hay que conocer en qué categoría se clasifican, algo que no siempre es fácil y que generaba desavenencias entre autoridades y productores. Así, el uso de fosfatos fue propuesto con el objeto de unificar la legislación y responder a las demandas de estos últimos.
  • Los fosfatos se emplean en este producto para que las diferentes piezas del kebab queden ligadas y la congelación y el cocinado sean uniformes.
  • Algunos informes muestran que en ocasiones se comete fraude en la producción de los kebabs, consistente en utilizar carne de especies que no se declaran en el etiquetado.
  • De vez en cuando se registran brotes asociados al consumo de kebabs, causados por la contaminación de salsas, verduras o de la propia carne. Las malas prácticas de higiene y manipulación que habitualmente se asocian a este producto están probablemente detrás de buena parte de los casos.
  • Desde el punto de vista nutricional este producto se considera carne procesada, por lo que se debería evitar su consumo. Además contiene elevadas proporciones de sal, grasas de mala calidad y harinas refinadas, lo que lo convierten en un producto insano.

Si quieres información más concisa sobre el tema, puedes visitar los recomendables blogs de Gemma del Caño y de G. Delgado Pando.

Fuentes

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Cook, A. (2017). Dietary food-additive phosphate and human health outcomes. Comprehensive Reviews in Food Science and Food Safety, 16(5), 906-1021.
European Food Safety Authority (2013). Assessment of one published review on health risks associated with phosphate additives in food. EFSA Journal, 11(11)
Kenneth F. Kiple, Kriemhild Coneè Ornelas, eds. (2000). Cambridge World History of Food, Cambridge, 2000. Vol. 2, p. 1147.
Ritz, E. et al. (2012). Phosphates additives in food-a health risk. Deutsches Ärzteblatt International, 109(4), 49-55.
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http://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20171128IPR89003/meps-move-to-block-phosphate-use-in-kebabs
http://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20171207IPR89762/fosfatos-en-la-carne-de-kebab-la-propuesta-de-la-comision-sigue-adelante
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https://medium.com/cartas-desde-el-imperio/episodio-18-los-p2o5-del-kebab-vamos-los-fosfatos-no-el-primo-de-c3po-543b395f05a0
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http://milksci.unizar.es/adit/fosfa.html
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https://www.elconfidencial.com/empresas/2017-02-11/reyes-del-kebab-alicante-alimentacion_1329734/
https://www.ocu.org/alimentacion/alimentos/informe/kebabs-analisis
https://www.efsa.europa.eu/sites/default/files/event/161011-m.pdf
https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/healthy-eating-plate/translations/spanish_spain/
http://www.who.int/features/qa/cancer-red-meat/es/
http://www.europarl.europa.eu/RegData/bibliotheque/briefing/2014/130679/LDM_BRI%282014%29130679_REV1_EN.pdf
https://politica.elpais.com/politica/2017/10/25/actualidad/1508946994_822910.html
https://www.theguardian.com/uk/2009/mar/05/kebab-takeaways-food-safety
http://www.foodauthority.nsw.gov.au/_Documents/scienceandtechnical/kebab_poster.pdf
http://www.health.gov.au/internet/main/publishing.nsf/content/cda-cdi3601e.htm
http://www.bioser.com/una-cepa-de-salmonella-que-ha-causado-mas-de-700-casos-aun-sigue-circulando/
http://www.dailymail.co.uk/news/article-2283584/Seven-lamb-kebabs-adulterated-cheaper-meats-Probe-reveals-takeaways-bulked-beef-chicken.html
https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2016/12/22/articulo/1482395986_534447.html
https://elpais.com/elpais/2017/12/04/hechos/1512384770_194467.html#?ref=rss&format=simple&link=guid
https://www.food.gov.uk/sites/default/files/lamb-takeaway-finalreport%20-Jan%202015v2.pdf
http://webarchive.nationalarchives.gov.uk/+/https://www.food.gov.uk/news-updates/news/2014/6031/testing
https://www.theguardian.com/world/2015/feb/09/one-in-five-lamb-takeaways-still-contaminated-with-other-meat-fsa-says
https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2014/apr/17/fsa-tests-takeaways-lamb-meals-meat
http://www.huffingtonpost.es/2013/02/25/suiza_n_2759671.html
http://scialert.net/fulltext/?doi=ajava.2016.505.510&org=10
https://www.elconfidencial.com/empresas/2017-02-11/reyes-del-kebab-alicante-alimentacion_1329734/
https://www.ocu.org/alimentacion/alimentos/informe/kebabs-analisis
https://ec.europa.eu/food/sites/food/files/safety/docs/rasff_annual_report_2015.pdf
http://www.elmundo.es/internacional/2014/04/16/534eb13f22601d14728b457d.html
ftp://ftp.asturias.es/sicopa/SRAYA/CURSOS/2016_CURSO_FLEXIBILIDAD/DOCUMENTO%20ORIENTACI%D3N%20REGLAMENTO%20853.pdf

martes, 3 de octubre de 2017

Curso gratuito sobre alimentos #microMOOCCA

Si te interesan la ciencia y los alimentos estás de suerte. Desde hoy 3 de octubre podrás seguir, durante ocho martes consecutivos, el primer curso sobre ciencia y alimentación que se celebra a través de Twitter: #microMOOCCA, "Cuando se junta el hambre con las ganas de saber". No te preocupes si no tienes cuenta en esa red social o no puedes asistir en directo porque podrás seguirlo igualmente a través de la herramienta Storify (y también al final de este artículo recogeré los enlaces).




¿En qué consiste?

Hoy en día los alimentos y la alimentación despiertan un gran interés pero lamentablemente existe mucha desinformación y una gran cantidad de mitos al respecto. Por ello, el principal objetivo de este curso es ofrecer información veraz, y de paso erradicar mitos y leyendas en alimentación. Se trata de una iniciativa dirigida al público general, así que no es necesario tener ninguna formación específica en materia de ciencia o alimentación. La idea es precisamente de acercar conocimientos a la sociedad, así que la materia se explicará de manera sencilla y cercana, aunque no por ello carente de rigor. Y es que los ponentes son excelentes divulgadores. Pero antes de saber de ellos, veamos cómo funciona el curso exactamente. Las "clases" están constituidas por 50 tuits seguidos que comenzarán a publicarse a las 22:00 horas (hora española), a través de la cuenta de Twitter @gram_positivo, a razón de un tuit por minuto y que luego quedarán recogidos en la herramienta Storify para que puedas consultarlos siempre que desees y sin necesidad de registrarte en la red social del pajarito (también iré dejando los enlaces por aquí). En cada uno de los tuits se mostrará un texto de un máximo de 140 caracteres que incluirá la etiqueta #microMOOCCA para que puedas seguirlo con mayor facilidad. Algunos tuits incluirán además imágenes o enlaces para que puedas ampliar la información mostrada en el texto. Y si te apetece podrás interactuar con los ponentes para charlar sobre los temas tratados. En la siguiente imagen puedes consultar el programa del curso, incluyendo los temas que se tratarán, la persona que los impartirá y la fecha de celebración (tienes más información sobre la trayectoria profesional de los ponentes en este enlace). 




Como puedes ver, tengo el honor de ser uno de los ponentes, de modo que el próximo martes 17 de octubre impartiré el tema "Seguridad alimentaria en casa". Con él trataré de mostrarte de forma sencilla y amena los principales riesgos a los que nos exponemos cuando manipulamos alimentos en nuestro hogar y cómo evitarlos. Por ejemplo, ¿crees que hay que lavar el pollo crudo? ¿Respetas las fechas de duración de los alimentos?... Supongo que son cosas a las que no damos suficiente importancia y por ello a veces pecamos de imprudentes, con consecuencias que pueden llegar a ser desastrosas (aunque no siempre sean noticia). De paso desmontaremos algunos mitos que están presentes en el día a día.

¿De dónde viene eso de #microMOOCCA?

El acrónimo MOOC viene de las palabras inglesas Massive Online Open Courses, es decir, cursos online gratuitos y para un público masivo, mientras que las siglas CA corresponden a "ciencia y alimentos". Por último, lo de "micro" obedece a lo reducido del formato, ya que los cursos se realizan a través de Twitter. Eso supone una notable limitación de espacio (cada tuit sólo admite 140 caracteres, o 240 en un futuro inmediato) pero también cuenta con dos grandes ventajas: la concisión que requiere dicha limitación y el enorme potencial de difusión que tiene esta plataforma. Esta iniciativa sigue el camino iniciado por el gran divulgador y catedrático de microbiología Ignacio López-Goñi (quien también participa como ponente en este curso) y por la Sociedad Española de Microbiología quienes celebraron cursos sobre esa rama de la ciencia con la etiqueta #microMOOCSEM o #microMOOC. Ahora recoge el testigo Florenci Cutrina, experto en seguridad alimentaria y divulgador científico, que ha sido el impulsor y organizador de este curso. Desde aquí le agradezco encarecidamente su invitación.

Ahora ya no tienes excusa...

¡Anímate y participa! ;-)

Aquí puedes volver a consultar los cursos

1. Alimentos transgénicos, por José Miguel Mulet. 03/10/2017
.2 Microbiología de los alimentos, por Ignacio López-Goñi. 10/10/2017
3. Seguridad alimentaria en casa, por Miguel A. Lurueña. 17/10/2017
4. Etiquetado de los alimentos, por Aitor Sánchez. 24/10/2017
5. Alimentos funcionales: pasado, presente y futuro, por José Manuel López Nicolás. 31/10/2017
6. Gestión de riesgos en la industria alimentaria, por Florenci Cutrina. 07/11/2017
7. Aditivos alimentarios, por Deborah García Bello. 14/11/2017
8. Bebidas alcohólicas y salud: sí, no o a medias, por Juan Revenga. 21/11/2017


Enlaces donde se habla del evento
http://naukas.com/2017/09/19/micromoocca-spin-off-micromooc/
http://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/43/posts/micromoocca-ciencia-y-alimentacin-en-twitter-15674
http://www.revistaalimentaria.es/vernoticia.php?noticia=sigue-micromoocca-en-twitter
http://www.navarrainformacion.es/2017/10/02/cuando-se-junta-hambre-las-ganas-saber-primer-curso-twitter-ciencia-alimentos/
http://www.unav.edu/web/vida-universitaria/detallenoticiapestania?articleId=15873313
http://m.noticiasdenavarra.com/2017/10/02/sociedad/navarra/organizan-el-primer-curso-en-twitter-sobre-ciencia-y-alimentos
http://alicantehoy.es/2017/09/14/twitter-escenario-hablar-realidad-mitos-la-alimentacion-las-jornadas-online-organizadas-gram-positivo/

martes, 18 de abril de 2017

Cómo hacer una compra saludable (Curso para Escuela Bitácoras)

Como habrás observado, en los últimos años existe un creciente interés en torno a la alimentación; se habla de alimentos y alimentación en todas partes y a todas horas: radio, prensa, televisión, internet... Sin embargo, una gran parte de ese enorme volumen de información a nuestro alcance suele ser confusa o muy poco rigurosa, cuando no es directamente falsa. Si a esto le sumamos otros factores como la publicidad engañosa, una legislación insuficiente y una carencia de conocimientos, entenderemos por qué estamos tan despistados a la hora de alimentarnos. ¿Quieres ponerle remedio? Te propongo que te apuntes a este curso que he elaborado para la Escuela Bitácoras en el que podrás conocer tres pilares básicos de nuestra alimentación: en qué consiste una dieta saludable, cómo manipular los alimentos de forma segura y, sobre todo, cómo interpretar el etiquetado para poder realizar una elección adecuada en el momento de hacer la compra. ¿Quieres conocer más detalles?




Escuela Bitácoras

A los mandos de la Escuela Bitácoras está la plataforma Bitacoras.com, que seguro te sonará porque también está detrás de los prestigiosos y famosos Premios Bitácoras, el certamen de blogs en español más longevo y uno de los más participativos del mundo. Muchos de los profesores que integran esta escuela han sido ganadores de un premio Bitácoras.

El rodaje de este curso se desarrolló el pasado mes de enero, con la participación de grandes profesionales a los que desde aquí agradezco su dedicación y sus atenciones. 

¿A quién va dirigido este curso?

Este curso está dirigido a todo tipo de público interesado en la alimentación: tanto público general como profesionales de la hostelería, la salud o la industria alimentaria.

Contenido del curso

El curso 'Cómo hacer una compra saludable' está compuesto por una serie de vídeos grabados en alta definición que tienen una duración total de 4 horas y 17 minutos. El temario está divido en 18 lecciones que se organizan en tres grandes bloques:

1. Antes de la compra

¿Sabes en qué consiste realmente una alimentación saludable? ¿Es tan aburrido e insulso como alimentarse a base de lechuga y pollo a la plancha? ¿Es tan complicado y engorroso como tener que pesar lo que comemos o calcular calorías y cantidades de nutrientes? ¿Es tan difícil, exótico y caro como alimentarse a base de bayas de goji, semillas de chía, productos ecológicos y batidos detox?

Luces, cámara... ¡acción!

2. Durante la compra

¿Sabes cómo elegir el pescado más fresco o qué hay que tener en cuenta a la hora de comprar carne?¿Consultas el etiquetado de los alimentos antes de comprarlos? ¿Sabes qué información debe mostrar de forma obligatoria? ¿Sabes interpretarla? Lo cierto es que esto último no es nada fácil ya que, a la complejidad intrínseca del etiquetado se suman las carencias de la normativa, el desconocimiento de los ciudadanos profanos en la materia y las argucias que algunas empresas emplean para tratar de despistarnos. En este bloque podrás aprender todo esto y mucho más, con la ayuda de infinidad de productos a modo de ejemplo.

Estos son algunos de los productos empleados en el curso a modo de ejemplo. 

3. Después de la compra

A pesar de lo que generalmente se suele creer, los alimentos que encontramos en el mercado son seguros para la salud. Así, la mayor parte de los problemas relacionados con la seguridad de los alimentos se deben a unas malas prácticas por parte de las personas que los manipulan. ¿Te lavas las manos antes de cocinar o de comer? ¿Cocinas suficientemente los alimentos antes de consumirlos? ¿Mantienes los alimentos perecederos en el frigorífico a una temperatura adecuada? Medidas tan sencillas como estas son fundamentales para reducir los riesgos asociados a los alimentos. En este bloque conoceremos las más importantes.

¿Sabes si hay que lavar los huevos antes de almacenarlos y cómo almacenarlos adecuadamente? ¿Te gusta la tortilla poco hecha? ¿Te lavas las manos después de manipular huevos? Todo esto y mucho más en este bloque dedicado a la seguridad alimentaria.

La mecánica del curso

Para seguir este curso sólo necesitas un dispositivo con conexión a internet (por ejemplo, un ordenador, una tablet, un teléfono o un televisor). Podrás verlo a la hora que quieras, el día que quieras y tantas veces como quieras, de forma individual o en compañía.


Al pie de los vídeos podrás encontrar actualizaciones, aclaraciones, enlaces a webs donde podrás ampliar conocimientos y otra información de interés.

¿Cómo adquirir el curso?

Para adquirir este curso debes registrarte previamente en la web de la Escuela Bitácoras introduciendo una dirección de correo electrónico y una contraseña. Posteriormente debes formalizar el pago mediante tarjeta de crédito o Paypal. Este curso tiene un precio de 29,99 €  y puedes adquirirlo en este enlace.

Sin más, te dejo con el vídeo promocional. Espero que lo disfrutes.




viernes, 20 de enero de 2017

¿Qué nos depara 2017 en materia de alimentación?

Hace ya casi un mes que disfrutamos de un nuevo año y ya va siendo hora de desempolvar la bola de cristal para tratar de adivinar qué nos deparará en lo que a alimentación se refiere. Como sabrás (y si no lo sabes, que quede claro), eso de las "artes adivinatorias" tiene truco. En este caso, lo que haremos será echar la vista atrás para recordar lo que nos dejó el pasado 2016 y así poder formarnos una idea de lo que nos espera.



Azúcar

No hace falta tener grandes "dotes adivinatorias" para saber que en 2017 se hablará de azúcar. Sin ir más lejos, el año ha comenzado con la viralización de un proyecto que nos muestra el azúcar presente en muchos de los alimentos que podemos encontrar en el mercado. Hace tiempo que el tema está muy presente en los medios, aunque fue el pasado 2016 cuando acabó por despuntar como protagonista indiscutible entre las noticias de alimentación. Recordemos brevemente algunas de ellas para tener una pista de lo que nos depara el futuro en este aspecto. Los innumerables artículos que se publicaron al respecto hablaron sobre todo de la elevada cantidad de azúcar en la dieta y de sus implicaciones sobre la salud, de las prácticas de dudosa ética llevadas a cabo por empresas que fabrican productos con elevada cantidad de azúcar, de la necesidad de reducir su consumo y de las medidas para tratar de conseguirlo. Sin duda, durante los próximos meses se seguirá hablando mucho acerca de todo ello.

Imagen extraída de la web sinazucar.org que muestra el azúcar presente en muchos de los alimentos que consumimos. En este caso, una lata de Monster de 553 ml, que contiene 60 g de azúcar, cantidad que excede las recomendaciones de consumo máximo diario propuestas por la Organización Mundial de la Salud.


Bebidas azucaradas, ciencia, salud y conflictos de interés
En 2016 la atención recayó especialmente sobre los refrescos o, mejor dicho, sobre las bebidas azucaradas, que protagonizaron diversas polémicas a lo largo de todo el año. Así, el mes de enero comenzó con una noticia que hablaba de la disolución de un grupo estadounidense de investigación contra la obesidad financiado por Coca Cola tras las duras críticas recibidas. Este hecho, que pasó prácticamente desapercibido para los medios generalistas españoles, tuvo su origen en un contundente editorial del diario The New York Times titulado algo así como Coca-Cola financia a científicos para que dejen de echar la culpa de la obesidad a las dietas inadecuadas. Además pudimos conocer que estas prácticas no son exclusivas de la industria de las bebidas azucaradas, como mostró una noticia que informaba de que la empresa Kellogg's había pagado a expertos independientes para promocionar sus cereales de desayuno. Y tampoco se trata de prácticas novedosas, como puso de manifiesto la revista médica JAMA Internal Medicine en un artículo que indicaba que la industria azucarera utilizó la ciencia en los años 60 para culpar a la grasa saturada de los trastornos del corazón y restar importancia al azúcar.


Imagen correspondiente a un anuncio de Coca Cola en el que se centra la atención sobre el sedentarismo como factor causante de la obesidad. (Fuente).

En octubre, el diario El País publicó un artículo con el siguiente titular: "Coca-Cola y Pepsi gastan millones para lavar la imagen de las bebidas azucaradas". La noticia hablaba de un estudio publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine que dio a conocer una lista de 95 organizaciones estadounidenses relacionadas con la promoción de hábitos saludables y con la lucha contra la obesidad o la diabetes que fueron financiadas por Coca Cola y Pepsi "con el objetivo de mejorar la imagen de los refrescos y restar apoyos a las leyes que limitan su consumo". Mientras tanto, en España fue la propia empresa Coca-Cola quien publicó un listado en el que se mostraban infinidad de colaboraciones con numerosas organizaciones relacionadas con la salud, tales como la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética, la Federación de Diabéticos Españoles, la Fundación Española del Corazón o la Asociación Española de Pediatría, unas prácticas que fueron calificadas por muchos profesionales, entre ellos la asociación Dietética Sin Patrocinadores, como un grave caso de conflicto de intereses. Sin duda, en 2017 se seguirá hablando sobre este tipo de prácticas.


Impuesto al azúcar
En medio de la gran polémica que generaron estas noticias en torno a las bebidas azucaradas surgió un debate aún más intenso, si cabe, relacionado con la posibilidad, la necesidad y la utilidad de gravar con impuestos este tipo de productos. Aunque el tema venía ya de lejos, fue intensificándose a lo largo del año como consecuencia de las medidas adoptadas por diversos organismos. Así, en marzo se dio a conocer que el Reino Unido aplicará un impuesto a estas bebidas, sumándose de este modo a otros países como México, Francia o Finlandia. Unos meses más tarde, en octubre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una recomendación para que los países aumenten un 20% los impuestos sobre las bebidas azucaradas con el objeto de reducir su consumo y luchar así contra la prevalencia de caries, diabetes tipo 2, sobrepeso y obesidad (recordemos que el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer recomienda directamente evitar su consumo). Tan sólo unos días después Portugal anunció que adoptaría una medida de este tipo durante este año 2017 en el que nos encontramos, y en noviembre, fue la Generalitat de Cataluña quien dio a conocer que aplicaría una subida en el precio de estos productos de hasta un 20%, coincidiendo con las recomendaciones de la OMS. Tan sólo 12 días después, el gobierno central anunció una medida similar, bloqueando así la propuesta realizada por el gobierno catalán. Así pues, este año 2017 veremos cómo comienzan a aplicarse estas medidas, así que es de esperar que se reabra el debate sobre su utilidad y sobre la necesidad de extenderlas a otros productos con elevada proporción de azúcar añadido. En contrapartida, se prevé que algunas de las empresas afectadas emprendan acciones para luchar contra la reducción del consumo y mantener así sus ingresos. Por poner dos ejemplos, Coca Cola y Pepsi se comprometieron el pasado mes de octubre a reducir la cantidad de azúcar en sus refrescos mientras que Nestlé anunció una nueva tecnología que permitirá reducir hasta un 40% el azúcar en chocolates y otros productos de confitería sin afectar al sabor.


Los impuestos a las bebidas azucaradas no hacen ninguna gracia a las empresas que las fabrican. (Fuente)

¿Mejoras en el etiquetado del azúcar?
En mayo del pasado año la FDA estadounidense emitió un comunicado para anunciar cambios en el etiquetado nutricional de los alimentos que se comercializan en ese país. Entre ellos, uno de los más importantes es la obligatoriedad de informar sobre la cantidad de azúcar añadido que contiene cada producto. Al igual que ocurre actualmente en la Unión Europea, en Estados Unidos no se hacía ninguna distinción entre los azúcares naturalmente presentes (por ejemplo, la lactosa de un yogur) y los azúcares añadidos por el fabricante, que son los que suelen consumirse en elevadas cantidades y los que se relacionan con problemas de salud. ¿Veremos una medida similar en la Unión Europea durante este año 2017? Parece difícil, teniendo en cuenta que Estados Unidos nos saca 20 años de ventaja en lo que a etiquetado nutricional se refiere. Aunque con la preocupación social que existe actualmente acerca del azúcar, quién sabe.  


En Estados Unidos el etiquetado nutricional de los alimentos informará sobre la cantidad de azúcar añadido. (Fuente)

Publicidad de alimentos insanos para niños

Otro debate relacionado con el anterior que se ha intensificado en los últimos años y que previsiblemente se mantendrá a lo largo de 2017 es el que se refiere a la publicidad de alimentos insanos dirigida a niños. En 2016 vimos cómo varios países adoptaron diversas medidas al respecto con el objeto de reducir los altos índices de obesidad infantil que se registran en buena parte del planeta. Por ejemplo, en Chile se prohibió la comercialización del huevo Kinder Sorpresa y se obligó a modificar el Happy Meal para tratar de eliminar los juguetes que incluyen este tipo de productos y que sirven como gancho para atraer a los más pequeños. En ese país se aprobó además un nuevo etiquetado para los alimentos que informa sobre nutrientes críticos, tales como sodio, grasa, calorías y azúcar. Por su parte, en Brasil la Corte Superior de Justicia prohibió la publicidad dirigida al público infantil.


Éstas son las advertencias que deben mostrarse en el etiquetado de ciertos alimentos que se comercializan en Chile. (Fuente)


¿Y qué ocurre en España? Pues ocurre que cada vez más profesionales alzan la voz para que se prohíba la publicidad de alimentos insanos dirigida a niños. Uno de los revulsivos fue sin duda la petición realizada en 2015 por el dietista-nutricionista Julio Basulto a través de las redes sociales para que organizaciones relacionadas con la salud dejaran de avalar este tipo de productos. Su atención se centró concretamente en la Asociación Española de Pediatría (AEP), cuyo nombre se mostraba en el envase de las galletas Dinosaurus, entre otros. Pues bien, en febrero de 2016, la Organización Médica Colegial, es decir, la institución que agrupa a todos los colegios de médicos de España, aprobó una declaración en la que se indica que este tipo de prácticas suponen "una forma de publicidad subliminal asociativa en la que se entiende que el producto viene avalado por la sociedad científica cuya imagen o logo figura en el mismo producto o en una imagen en la que aparecen ambos". Se añade además que "es contrario a la Deontología Médica solicitar o aceptar contraprestaciones a cambio de prestar la imagen de la profesión médica para avalar productos alimentarios de dudosa salubridad". A día de hoy el sello de la AEP ya no se muestra en ese producto ni en otros en los que aparecía. Sin embargo aún son muchas las entidades relacionadas con la salud que siguen practicando este tipo de "patrocinios". ¿Veremos cambios en 2017?


Estos son algunos de los productos insanos en los que se mostraba el sello de la AEP. 

Otra acción publicitaria que puso en pie de guerra a muchos profesionales sanitarios en 2016 fue el anuncio televisivo de un producto dirigido a la población infantil llamado Sojasún. La polémica fue tal, que la Asociacion para la Autorregulación de la Comunicación Comercial, conocida como Autocontrol, lo condenó por "fomentar entre los menores el desprecio hacia las frutas y verduras y, además, el consumo excesivo de los yogures promocionados". Eso sí, la empresa responsable del producto, Triballat España, S.L., no quiso participar en el procedimiento llevado a cabo por Autocontrol, lo que significa que su condena no es vinculante ni obliga a la empresa a realizar ningún tipo de acción. Todo esto no es nada nuevo. En 2015 vimos un caso similar con el anuncio del producto Kekos de la empresa Bimbo, con las mismas consecuencias, es decir, ninguna. Es probable que en 2017 la historia se repita con otro producto diferente.




A finales del pasado año el Congreso pidió al Gobierno limitar la publicidad de alimentos insanos dirigida al público infantil con el objeto de reducir la elevada tasa de sobrepeso y obesidad en ese grupo de población. Y es que, aunque en 2016 conocimos que el exceso de peso en niños de seis a nueve años disminuyó un 3,2% en cuatro años, la prevalencia todavía sigue siendo muy elevada, alcanzando concretamente una cifra del 41,3%. Por su parte, los adultos no tienen nada que envidiar a estas cifras, a juzgar por un estudio publicado por la Sociedad Española de Cardiología (SEC) que el 39,3% de la población española de entre 25 y 64 años padece sobrepeso y un 21,6% obesidad. ¿Veremos en 2017 algún tipo de medida para limitar la publicidad de alimentos insanos? 


Alcohol

Seguro que durante 2017 también se hablará de alcohol. Por lo pronto, el año ha comenzado con una discusión sobre si un "vino azul" puede comercializarse como "vino" o no. Aunque el debate más encendido volverá a ser probablemente el que relaciona la ingesta de alcohol con supuestos beneficios para la salud. Durante 2016 pudimos ver casi a diario artículos en la prensa que promocionaban estas pretendidas propiedades: que si una copa de vino equivale a una hora de gimnasio, que si hay que beber cerveza después de hacer ejercicio, que si tomar dos cañas diarias es beneficioso para la salud... Y también pudimos ver la reacción de muchos profesionales al respecto, como la del periodista Antonio Martínez Ron, con un reportaje de investigación titulado La gran mentira de la cerveza saludable o la de los dietistas-nutricionistas Juan Revenga (Recomendar el consumo de bebidas alcohólicas es irresponsable, máxime si eres sanitario) y Julio Basulto (La verdadera "curva en J" del alcohol), por poner sólo tres ejemplos. Mención aparte merece la respuesta de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED) y el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) ante la campaña publicitaria de la bebida "San Miguel 0,0 isotónica" un producto que se promocionó profusamente en infinidad de medios como "especial para deportistas". Dichos organismos emitieron un comunicado en el que se podía leer lo siguiente: "La cerveza que se presenta como bebida para deportistas no cumple con los criterios y garantías necesarios para ser recomendada ni en el deporte ni en la actividad física. Pero además la cerveza constituye una forma de entrada al consumo de alcohol de los más jóvenes, e incluso, niños. La adaptación precoz del niño u adolescente que practican deporte al sabor de la cerveza utilizando como estímulo y referencia ídolos deportivos es desde todo punto de vista rechazable para OMC y SEMED y constituye un nuevo ejemplo de publicidad con clara intencionalidad subliminal contraria a la promoción de la salud". 

La bebida "San Miguel 0,0 isotónica" fue criticada duramente, no sólo por la promoción implícita del consumo de cerveza asociado a un hábito saludable, sino también por anunciarse como "isotónica" cuando en realidad no lo es. (Fuente)

Ante todo este panorama y, conociendo lo arraigado que está el consumo de alcohol en nuestra sociedad, no es de extrañar que los resultados del Primer Estudio Lundbeck: Percepción y Conocimiento del Alcoholismo en España, indicaran que los españoles estamos entre los países que más bebemos, que el 17,1% de la población mayor de edad es consumidora de alto riesgo y que el 76% de los bebedores de riesgo no percibe que toma demasiado alcohol. Tampoco es de extrañar que nos encontraramos con nefastos sucesos como el que tuvo lugar a finales de año en Madrid, cuando una niña de 12 años falleció por coma etílico tras un botellón


Dietas y salud

Si hay algo fácilmente predecible es esto. Seguro que durante este 2017 se hablará de todo tipo de dietas y de alimentos con propiedades milagrosas. 

Dietas adelgazantes
Como cada año, aparecerán nuevos métodos (y se rescatarán otros del pasado) que prometerán adelgazar de forma rápida, fácil y sin esfuerzo, omitiendo por supuesto su nulo fundamento científico y sus más que probables riesgos para la salud. Sin ir más lejos, en 2016 se volvieron a poner de moda la dieta de la piña, la de la alcachofa, la del jarabe de arce o la de los potitos infantiles y aparecieron muchas otras, como la que propone adelgazar comiendo bacon y bebiendo alcohol, o en su versión castiza, comiendo jamón y bebiendo vinoTodas ellas promocionadas, cómo no, por revistas "femeninas" y prensa generalista, por programas de televisión, por libros de dudoso rigor y por famosos de todo tipodesde concursantes de Gran Hermano, hasta actores y cantantes. Quizá la única duda es por cuál se decantará esta vez la actriz Gwyneth Paltrow.


Este vídeo de Youtube en el que se promociona una dieta supuestamente adelgazante a base de frutas tiene a día de hoy más de 5 millones de visualizaciones.

Dietas terapéuticas
En 2017 también se promocionarán dietas-milagro con supuestas propiedades terapéuticas. Ya se viene haciendo esto desde hace años con la dieta macrobiótica o con la dieta alcalina, aunque sin duda, la protagonista del pasado 2016 fue la dieta detox. Ni que decir tiene que ninguna dieta cura enfermedades (mucho menos el cáncer), por muchos vasos de agua con limón que tomemos. Pero no sólo eso, es que además seguir este tipo de hábitos puede poner en grave riesgo la salud. Conviene tener todo esto muy presente ya que existen infinidad de supuestos expertos y de desalmados en general que promocionan dietas "sanadoras", lo que "casualmente" suele reportarles ingentes beneficios económicos. Es el caso, por ejemplo, de Belle Gibson, una bloguera australiana que se inventó que se había curado de un cáncer gracias a la alimentación saludable y las "terapias naturales". Hoy se enfrenta a una multa de más de un millón de dólares y a una posible pena de cárcel por estafa. Pero no hace falta ir a la otra punta del planeta; en España también tenemos lo nuestro

La dieta alcalina propone "sanar, adelgazar y detener el envejecimiento". No sólo no tiene ningún fundamento científico, sino que además se basa en sinsentidos y puede poner en riesgo la salud.

Es de suponer que en 2017 también se pondrá de moda el consumo de algún "superalimento" por sus propiedades saludables, ya sean éstas reales, exageradas o directamente ficticias (muy probablemente las dos últimas). Así ha sido desde hace ya unos cuantos años: bayas de goji, semillas de chia, espelta, quinoa, jengibre, cúrcuma, guanaba, brócoli, batidos verdes, algas... y así hasta completar una larga lista. Ante esto debes tener presente que los alimentos milagrosos no existen. A veces buscamos una "píldora mágica" que nos haga sanos y esbeltos, pero eso es sencillamente una fantasía. Es cierto que algunos de estos alimentos contienen algunos nutrientes que se relacionan con ciertos beneficios para la salud (habría que ver cuáles y en qué cantidad...). Pero en cualquier caso, caer en la dinámica de basar nuestra dieta en las hipotéticas bondades de esos nutrientes concretos en lugar de fijarnos en el conjunto de los alimentos que ingerimos (lo que se conoce como nutricionismo) es un error que puede desviarnos de una dieta saludable y hasta poner en riesgo nuestra salud.
Los únicos superalimentos que existen son los que come Superman.

Dieta vegetariana
Es muy probable que durante este año volvamos a oír hablar mucho sobre dieta vegetariana y dieta vegana, opciones que han alcanzado una notable popularidad en los últimos años y que tienen cada vez más partidarios. Aunque tampoco faltan los detractores. Podemos encontrar un nefasto ejemplo en Polonia, donde el Ministro de Exteriores declaró el pasado año que su misión era "acabar con esa Europa podrida de vegetarianos y ciclistas". Con estas premisas, puedes imaginar que cada vez que surge el tema del vegetarianismo suelen iniciarse acalorados debates entre unos y otros. Quizá el punto álgido tuvo lugar el pasado mes de junio, cuando surgió la noticia de que una niña italiana de dos años fue ingresada en la UCI tras haber seguido una dieta vegana mal planificada. El escándalo fue tal, que una diputada de ese país propuso un proyecto de ley en el que se preveía hasta un año de cárcel para los padres que impusieran una dieta vegana a sus hijos. Lo cierto es que en muchos casos ni los partidarios ni los detractores tienen muy claros los aspectos relacionados con este tipo de dietas. Hay quien piensa que son saludables por definición y, por el contrario, quien cree que son necesariamente peligrosas. Recordemos que una dieta vegetariana o vegana puede ser una opción saludable, siempre que esté bien planificada, y es en este último matiz donde está el quid de la cuestión.

Existen infinidad de mitos y confusiones en torno a la dieta vegetariana. Este libro de la dietista-nutricionista Lucía Martínez ayuda a dejar las cosas claras. (Fuente)

Por otra parte, también existe mucha confusión en otro aspecto. Y es que este tipo de dietas suele asociarse a ideas románticas y sin fundamento alguno, como la "vida natural", la pseudomedicina y la pseudociencia en general: homeopatía, reiki, remedios "naturales", etc. (por supuesto, no siempre es así). En definitiva, un batiburrillo del que suelen sacar ingentes beneficios los charlatanes de turno y que puede poner en grave riesgo nuestro bolsillo y nuestra salud. En 2016 vimos varios ejemplos de ello, como el de un bebé que fue ingresado con escorbuto en un hospital de Valencia tras haber sido alimentado con leche de almendra, o el de infinidad de menores en varios países ingresados con graves enfermedades tras haber sido alimentados con leche cruda de vaca.

Alimentos ecológicos
Con los alimentos ecológicos ocurre algo parecido a lo que acabamos de comentar: en realidad pocas personas tienen claro en qué consisten realmente y la mayoría de las veces se compran pensando que son más saludables o más respetuosos con el medio ambiente, cuando no tiene por qué ser así necesariamente. Seguro que durante este año también se hablará de ello. Al menos en este blog. 


El futuro de la alimentación

Un tema que preocupa mucho en la actualidad es el reto de alimentar a una población mundial cada vez más numerosa con un número limitado de recursos. La solución pasa, entre otras cosas, por aumentar la productividad y la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos. Para ello se han hecho muchas propuestas, como el desarrollo de nuevas formas de alimentarse o la reducción del despilfarro de alimentos.

Nuevas formas de alimentarse
Dos de las nuevas formas de alimentarse que se proponen suelen estar muy presentes en los medios de comunicación, aunque no necesariamente por su utilidad, sino más bien porque resultan llamativas. La primera de ellas es la posibilidad de incluir insectos en nuestra dieta habitual, algo que ya hacen millones de personas en el mundo desde hace miles de años y que la FAO plasmó en un informe publicado en 2013. La segunda propuesta es el consumo de carne artificial, cultivada en laboratorio, que cada vez está más cerca de salir al mercado. También hay quien dice que la solución vendrá de la mano de los alimentos transgénicos, aunque en este caso el debate más intenso volverá a centrarse sobre todo en su seguridad, a pesar de que no se tienen dudas razonables sobre ello.

La carne de laboratorio se produce a partir del crecimiento de células animales. (Fuente)

Despilfarro de alimentos
Otra cuestión fundamental para poder alimentar a una población cada vez más numerosa y no deteriorar aún más el medio ambiente es la reducción del despilfarro de alimentos (1234). Recordemos que cada europeo desperdicia unos 76 kg de comida al año, con todo lo que eso supone: pérdida de recursos (agua, combustible, electricidad, abonos, pesticidas, pienso, etc.), aumento de residuos, deterioro del medio ambiente, pérdida de tiempo, dinero, mano de obra, etc. El pasado año conocimos las medidas adoptadas en países como Francia, donde se aprobó una ley que obliga a las cadenas de distribución a donar alimentos. En España hasta ahora no existe ninguna medida encaminada a reducir el desperdicio de comida. Sin embargo, esto va a cambiar, a juzgar por una noticia que se ha conocido recientemente, según la cual la Unión Europea se compromete a reducir a un 50% sus residuos antes de 2030.

Las medidas adoptadas hasta ahora por la Unión Europea para reducir el despilfarro de alimentos son insuficientes, según el Tribunal de Cuentas.


Mitos alimentarios

En 2017 nos encontraremos sin lugar a duda con nuevos mitos y bulos alimentarios y seguramente también se rescatarán algunos del pasado. Al menos eso es lo que sucede cada año. Por ejemplo, en 2016 se difundió el bulo de que se estaban comercializando plátanos a los que se les había inyectado sangre con el virus del sida, algo que no deja de ser una versión renovada de otro en el que el alimento implicado son las naranjas. ¿Qué otros mitos se difundieron el pasado año? Se habló de la existencia de pollos mutantes de la empresa KFC, sin plumas, con cuatro patas y seis alas; de la regla de los 5 segundos (otra vez) según la cual podemos comer de forma segura algo que ha caído al suelo si lo recogemos antes de que transcurra ese tiempo o del supuesto peligro que implicaba consumir agua de Murcia. También se hizo muy popular un vídeo que a priori podría parecer un bulo pero que ofrecía una información real, aunque sorprendente para muchos: que la gelatina con la que se fabrican productos como las gominolas se extrae a partir de la piel de cerdo o vaca. 


La crisis creativa no sólo ha llegado a Hollywood. Este mito recicla otro similar en el que el protagonista era la naranja. (Fuente)

Seguridad alimentaria

Los alimentos que hoy en día podemos encontrar en el mercado son más seguros que nunca. Pero la seguridad total no existe, por mucho que nos empeñemos. Es imposible controlar todos y cada uno de los peligros que pueden presentarse y además hacerlo para todos y cada uno de los alimentos que consumimos. Por poner un ejemplo, incluso en los casos en los que aplican procesos de esterilización (como en las conservas), es imposible asegurar una destrucción total y absoluta de los microorganismos que pudiera haber presentes. Así pues, con lo que se trabaja es con probabilidades, de manera que los sistemas de producción y de control van dirigidos a que la probabilidad de que se presenten esos peligros sea muy muy pequeña, casi nula. En definitiva, podemos afirmar que, en general, los alimentos son seguros. Eso sí, es inevitable que de vez en cuando aparezcan problemas relacionados con la seguridad alimentaria. Así ocurrió durante el pasado año 2016, cuando conocimos algunos casos bastante graves. Los más importantes se debieron a brotes causados por microorganismos patógenos: varios brotes importantes de salmonelosis a lo largo de todo el año debidos a una mala manipulación de los alimentos dejaron más de 150 afectados y al menos cuatro víctimas mortales (1, 2, 3, 4, 5); un brote de norovirus causado por la contaminación de un manantial de agua mineral afectó a más de 4.000 personas y un brote de botulismo por el consumo de conservas de alubias mal elaboradas afectó a dos personas. También fue noticia la retirada del mercado de miles de chocolatinas en 55 países por parte de la empresa Mars tras haber encontrado trozos de plástico en una de ellas debido a un fallo de producción.

Uno de los episodios más sonados del pasado año en lo que a seguridad alimentaria se refiere fue el brote causado por la presencia de norovirus en agua mineral que afectó a más de 4.000 personas en Cataluña y que se saldó con el cierre de la empresa.

Fraudes

Al igual que ocurre en el caso de la seguridad alimentaria, también es imposible asegurar al cien por cien que no nos den gato por liebre a la hora de comprar alimentos, a pesar de que existen controles para evitar que esto ocurra. En cualquier caso, los fraudes son cada vez menos frecuentes, aunque todavía se siguen produciendo y es de esperar que en 2017 conozcamos nuevos casos. Uno de los sucesos más escandalosos de los últimos años fue sin duda el caso de la venta de carne de caballo etiquetada como si fuera de otra especie animal, que estalló en 2013. Desde entonces se ha debatido mucho sobre la necesidad de incluir cambios en la legislación para evitar que este tipo de cosas vuelvan a repetirse. Otros casos más recientes y menos populares fueron la detención de un ganadero de Guijuelo por falsificar la raza de 1.400 cerdos o la publicación de una noticia que daba a conocer el presunto fraude perpetrado por una conservera Valenciana que supuestamente manipulaba la fecha de caducidad de sus productos. A pesar de lo que se suele creer, un fraude alimentario no tiene por qué suponer necesariamente un riesgo para la salud, aunque en algunos casos es muy probable que así sea. Un ejemplo de ello es la venta de carne procedente de animales engordados ilegalmente con sustancias farmacológicamente activas, algo que es muy poco común pero que sigue sucediendo en contadas ocasiones, como vimos el pasado año. Ejemplo de lo contrario es la venta de carne de vaca por carne de buey, un fraude omnipresente en muchos establecimientos españoles. Otros fraudes frecuentes que seguiremos viendo en 2017 son los que se relacionan con otros productos como aceite de oliva o azafrán, aunque en realidad cualquier alimento es susceptible de protagonizar estas prácticas. Mención aparte merecen los complementos alimenticios que, además de ser innecesarios en la mayoría de los casos en que se (auto)administran, son protagonistas habituales en casos de fraude.




Legislación alimentaria

Una de las herramientas para luchar contra el fraude y los abusos y para mejorar la transparencia es, sin duda, la legislación. Ya citamos anteriormente algunas reformas demandadas por muchos profesionales, como las que se refieren al azúcar o a la publicidad de alimentos insanos dirigida a la población infantil, pero es necesario mejorar además muchas otras cosas. Poco a poco se van haciendo avances, aunque éstos se producen de forma muy lenta y son claramente insuficientes. Durante el pasado año vimos por ejemplo cómo entraba en vigor la obligatoriedad de mostrar la información nutricional en el etiquetado de la mayoría de los alimentos. También se dio a conocer que será obligatorio indicar en el etiquetado de la leche el lugar de ordeño de la vaca, una medida que por cierto debería haberse adoptado hace ya unos años, según recoge la legislación. También está pendiente la norma que obligaría a mostrar el contenido de grasas trans en los alimentos. Y entre las que también serían deseables pero que por el momento parece que no se contemplan destaca la mejora del etiquetado de los alimentos integrales. ¿Veremos algún cambio en este sentido durante este año 2017?

En resumen

En 2017 se hablará sobre todo de azúcar, azúcar y más azúcar: su contenido en los alimentos, los impuestos a las bebidas azucaradas y a otros productos, las alternativas a la hora de endulzar... Pero ¿qué más nos deparará este año? ¿Qué dietas y alimentos milagrosos se pondrán de moda? ¿Qué fraudes, alertas alimentarias y bulos nos escandalizarán? ¿Qué avances científicos y tecnológicos se darán a conocer? Desde este blog y desde los perfiles de Facebook y Twitter nos mantendremos muy atentos. Esperemos que sea un buen año para todos. También para ti, por supuesto ;-) 



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