viernes, 18 de octubre de 2013

8 alimentos que no son lo que parecen

¿Alguna vez te has sentido engañado después de comprar un alimento que, a juzgar por su etiquetado, parecía otra cosa? A continuación puedes ver una relación de ocho productos alimenticios con los que podría pasarte esto.



Pero antes, como siempre, comencemos por el principio... 


Leer el etiquetado es fundamental

Como ya habrás oído mil veces, para estar bien informado acerca de lo que compras y para evitar desagradables sorpresas posteriores, debes leer detenidamente el etiquetado de los alimentos. Sin embargo, esto es algo que no todo el mundo hace: según un estudio realizado por el Ministerio de Agricultura en el año 2006, un 39% de los consumidores nunca consulta el etiquetado de los alimentos, porcentaje que se eleva hasta el 50% en una reciente encuesta publicada por la revista Consumer. Hay que considerar además que no basta con leer; también hay que comprender lo que se lee, y eso no siempre es fácil, ya sea por falta de tiempo, por desconocimiento, por la complejidad de los términos empleados, por las peculiaridades de la legislación que regula estos aspectos, etc. En este sentido no hay que olvidar que en ciertas ocasiones entra en juego además la picaresca que ponen en práctica algunas empresas, utilizando artimañas que, si bien en muchos casos cumplen con la legislación vigente, distan mucho de ser éticas. Quizá una de las argucias más conocidas es la que podríamos llamar "táctica del asterisco", empleada por ejemplo en el Actimel que produce la empresa Danone.


Aquí puedes ver un ejemplo de la "táctica del asterisco" que se explica por sí solo. Como puedes observar, la famosa coletilla del Actimel ("El desayuno de las defensas") no se debe a las manidas bacterias L. casei, sino a la presencia de vitaminas B6 y D, que puedes encontrar por ejemplo en el pescado.


Pero no es la única, ni mucho menos. Otra de estas estrategias, quizá menos conocida, es la que protagoniza el presente artículo, y que podríamos bautizar como la "táctica de la marca comercial" (sí, ya sé que no es un nombre con mucho gancho, así que se admiten sugerencias). ¿Y en qué consiste? Para comprenderlo, antes debes conocer dos conceptos:

  • marca comercial, que es el nombre que una empresa utiliza para comercializar su producto. Como sabes, este nombre suele figurar en la parte frontal del envase con letras de gran tamaño. Por ejemplo, "Actimel"
  • denominación de venta del producto, que como se indica la legislación, es "la denominación prevista para este producto en las disposiciones de la Comunidad Europea que le sean aplicables (...), o bien, (...) en las disposiciones legales, reglamentarias o administrativas que le sean aplicables en España. En defecto de lo anterior, estará constituida por el nombre consagrado por el uso en España, o por una descripción del producto alimenticio y de su utilización, si fuera necesario, lo suficientemente precisa para permitir al comprador conocer su naturaleza real y distinguirlo de los productos con los que pudiera confundirse". Este nombre se encuentra habitualmente precediendo el listado de ingredientes. Por ejemplo, en el caso del Actimel podemos leer: "leche fermentada para beber".

Pues bien, como veremos a continuación, la "estrategia de la marca comercial" consiste en utilizar una determinada marca comercial con el objeto de hacer pensar al consumidor que el producto posee unas determinadas características que realmente no tiene, ya sea para:
  • nombrar un ingrediente que en realidad no contiene (por ejemplo, "untapan de cangrejo")
  • insinuar la ausencia de algún ingrediente (por ejemplo, "aceite de oliva 0,0"), 
  • dar a entender que un determinado ingrediente es mayoritario (por ejemplo, "margarina Flora Oliva") 
  • sugerir que se trata de un producto de mayor categoría comercial o más valorado por el consumidor (por ejemplo, "MaxiYork").


Es justo decir que no siempre hay intención de fraude por parte de la empresa, pero en cualquier caso, tanto si hay intencionalidad como si no, se trata de una práctica que no está permitida por la legislación. En la Norma general de etiquetado, presentación y publicidad de los productos alimenticios se especifica claramente que "El etiquetado y las modalidades de realizarlo no deberán ser de tal naturaleza que induzcan a error al comprador, especialmente: a) Sobre las características del producto alimenticio y, en particular, sobre su naturaleza, identidad, cualidades, composición, cantidad, duración, origen o procedencia y modo de fabricación o de obtención". Ahora bien, esto está sujeto a interpretación, así que observa los productos que se muestran a continuación a modo de ejemplo, sus marcas comerciales y sus denominaciones de venta, y a ver qué te parece...



1. Flora Oliva


Flora Oliva. Unilever España, S.A., Barcelona. 


Denominación de venta: margarina ligera con 20% de aceite de oliva sobre 40%MG
Al ver el envase de esta margarina, en el que se muestran imágenes de aceitunas y la palabra "Oliva" en letras de gran tamaño, podrías pensar que está compuesta básicamente por aceite de oliva. Pero si observamos la denominación de venta y el listado de ingredientes, veremos que este producto contiene en total un 40% de materia grasa, de la cual, solamente el 20% es aceite de oliva. Es decir, la proporción de aceite de oliva sobre la totalidad del producto es solamente del 8%.


Si observas la parte posterior del producto puedes ver que se trata de margarina ligera con un 20% de aceite de oliva sobre 40% de materia grasa. El lío de porcentajes y paréntesis que puedes ver en la relación de ingredientes significa que el producto está compuesto por un 40% de materia grasa, constituida por: aceites vegetales (un 61% sobre ese 40%), aceite de oliva (un 20% sobre el 40%) y grasas vegetales (un 19% sobre el 40%).



2. Melón y sandía


Puré de frutas Hacendado. Alnut, Alimentación y Nutrición Familiar S.L.U., Valencia.


Denominación de venta: puré de frutas.
Como puedes imaginar, cuando alguien compra un producto que recibe el nombre de "Melón y sandía" y en el que se muestra el dibujo de un melón y una sandía, lo que espera es que esté constituido principalmente por melón y sandía y, ya puestos, que sepa a melón y a sandía. Pero eso no es lo que sucede con este alimento que, para empezar, sabe básicamente a pera. Y es que en realidad está compuesto principalmente por manzana y pera (entre las dos frutas suman un porcentaje superior al 50%) y sólo contiene un 12% de zumo de melón y un 12% de zumo de sandía (es decir, estas frutas suponen solamente un 24% del producto). Y ya que estamos, podemos señalar también que en el envase se muestra la indicación "100% fruta", pero en el listado de ingredientes podemos ver que el producto contiene además vitamina C y aroma.


Como puedes ver en esta imagen, el producto "Melón y sandía" es en realidad un puré de frutas compuesto por: puré de frutas (manzana, pera, zumo de melón (12%) y de sandía (12%) procedente de concentrado, plátano, grosella), vitamina C y aroma.



3. Aceite de oliva La Masía 0,0


Aceite de oliva La Masía 0,0. Oleomasía S.A., Sevilla.

Denominación de venta: aceite de oliva.
Ya hablamos sobre este producto en el artículo anterior, así que poco más se puede decir que no sepas ya. Por si no lo leíste entonces, lo recordamos brevemente. Lo que venía a decir el post es que el término "0,0" no está recogido en la legislación, aunque desde hace unos años se viene utilizando para referirse a la cerveza con menos de un 0,1% de alcohol. Así, el consumidor al ver el etiquetado de este aceite (que por cierto se asemeja al de la cerveza San Miguel 0,0) puede asociar ideas y pensar que éste no tiene calorías, o incluso que no tiene grasa. Por si queda alguna duda, esto no es posible, ya que estamos hablando de aceite de oliva (constituido por aceite de oliva refinado y aceite de oliva virgen extra), que obviamente no está libre de grasa y que aporta 9 kcal/g. Hay que destacar además que en el etiquetado de este aceite no se muestra ninguna aclaración que explique lo que significa ese 0,0, así que el consumidor debe echar mano de la imaginación, o molestarse en buscar información al respecto. Esto último fue lo que yo hice, aunque de manera infructuosa, de modo que no me quedó más remedio que preguntar directamente a la empresa, desde donde me contestaron lo siguiente: "El '0,0' es una marca registrada que trata de evocar las características del producto en la fritura ya que los fritos absorben menos grasa".


Si observamos el etiquetado, podemos ver que este producto es aceite de oliva, compuesto por aceite de oliva refinado y aceite de oliva virgen extra, y que 100 ml aportan 824 kcal, es decir, unas 9 kcal/g, como cualquier otro lípido.



4. Tomate frito Orlando 0,0



Tomate frito Orlando 0,0. H.J. Heinz Foods Spain S.L., La Rioja.


Denominación de venta: tomate frito
En este producto nos encontramos con algo parecido a lo que acabamos de ver: también se muestra el término "0,0" sobre un fondo de color azul (color empleado también en el etiquetado de la cerveza San Miguel 0,0). ¿Y a qué se refiere ese "0,0" en este tomate frito? Pues es de suponer que hace referencia a la reseña que figura un poco más abajo: "sin sal añadida ni azúcares añadidos",  aunque esto hay que imaginarlo, porque en ningún lado se explica (también se podría pensar que se refiere a la advertencia que figura más arriba: "sin conservantes ni colorantes", o incluso a ambas). Sea como sea, recordemos que el "0,0" no está recogido en la legislación, así que el consumidor no sabe exactamente a qué atenerse cuando lo ve en otros productos. Quizá lo primero que hace es asociarlo a la ausencia de grasas, ya que ese es el aviso que predomina en un etiquetado cuando se alardea de la ausencia o reducción de algo. En cualquier caso, sería preocupante que la utilización del término "0,0" acabara por convertirse en una nueva moda a la hora de etiquetar alimentos ya que, al no estar debidamente regulado, podría causar confusión en el consumidor.


Si observas el lateral del envase podrás ver que el producto efectivamente contiene aceite (4%). Además se advierte que "contiene sal y azúcares naturalmente presentes en el tomate".


5. Untapan de cangrejo



Untapan de cangrejo. Hacendado, Productos Naturales de la Vega, S.L., Navarra.


Denominación de venta: untapan de cangrejo.
Como puedes observar, en este caso la marca comercial coincide con la denominación de venta ("untapan de cangrejo"). ¿Cuál es el problema? Pues que si observamos el listado de ingredientes, veremos que este alimento en realidad está constituido por surimi. Es cierto que en algunas zonas al surimi se le llama de forma coloquial "carne de cangrejo", es decir, sería "un nombre consagrado por el uso", según se indica en la legislación. Sin embargo hay que considerar que en la legislación también se indica que la denominación de venta debe ser "lo suficientemente precisa para permitir al comprador conocer su naturaleza real y distinguirlo de los productos con los que pudiera confundirse". En definitiva, la denominación de este producto puede dar lugar a confusión, al hacer pensar al consumidor que realmente está elaborado con carne de cangrejo.


Si observamos el listado de ingredientes de este producto, veremos que no está compuesto por cangrejo, sino por surimi (50%).


6. Jamón York. Deliciosa y nutritiva crema para untar


Jamón York. Deliciosa y nutritiva crema para untar. La Cuina. Gourmet, S.A. Valencia.

Denominación de venta: crema al jamón york.
A juzgar por las palabras que aparecen en la tapa ("Jamón York. Deliciosa y nutritiva crema para untar") se podría pensar que cuando adquirimos este producto estamos comprando jamón york cremoso o algo similar. Pero si le damos la vuelta al envase, veremos que en realidad se trata de una "crema al jamón york". O sea, que de jamón york no tiene más que el nombre y, si acaso, el sabor. Por si quedara alguna duda, recuerda que como ya vimos anteriormente en este blog, el jamón york tiene una mayor proporción de carne que este producto y no puede contener muchos de los ingredientes que en él aparecen, como por ejemplo fécula de patata. En definitiva, su formulación se parece más a la del fiambre de magro que a la del jamón york. Finalmente, ya que estamos, cabe señalar que la palabra "crema" quizá no sea la más adecuada para denominar este producto ya que, según la legislación, está destinada a nombrar productos del tipo "caldos, consomés y sopas", pero de textura fina y viscosa.


En el etiquetado de este producto se puede leer: "Crema al jamón york. Ingredientes: carne de cerdo (50%), agua, proteína de leche, fécula de patata, aromas (con aroma de humo), sal, edulcorante (sorbitol), especias, azúcar, estabilizadores (tripolifosfato sódico, carragenato, goma de garrofín), potenciadores del sabor (glutamato, inosinato y gunilato sódicos), antioxidantes (isoascorbato y citrato sódicos), conservadores (acetato y nitrito sódicos) y colorante (carmín de cochinilla)".


7. Maxi York


Maxi York Finas Lonchas. Hacendado, Casa Tarradellas, S.A., Barcelona.


Denominación de venta: producto cárnico picado cocido
Da la casualidad de que hace unos días un lector del blog dejó un comentario para advertir acerca de este producto. Según sus palabras, la marca "Maxi York" da lugar a confusión, ya que la palabra "York" puede hacer pensar al consumidor que lo que está comprando es jamón York, cuando realmente no es así. Si observamos con detenimiento el etiquetado veremos que está constituido, entre otros ingredientes, por carne de cerdo (45%) y fécula, así que quizá la denominación de venta más adecuada sería "fiambre de magro de cerdo", que a diferencia de la actual ("producto cárnico picado cocido"), viene recogida en la legislación y es más precisa.


Producto cárnico picado cocido. Ingredientes: Carne de cerdo (45%), agua, fécula, proteína de soja, sal, dextrosa, azúcar, estabilizadores (E-451i, E-407), aroma, antioxidante (E-316), conservador (E-250), colorante (E-120).


8. Lomo a la pimienta


Lomo a la pimienta. El Pozo Alimentación, S.A., Murcia.


Denominación de venta: fiambre de lomo cocido
Para acabar, nada mejor que uno de los alimentos que más se prestan a este tipo de prácticas: el lomo de cerdo. Como puedes observar en la imagen anterior, el envase del producto que hemos tomado como ejemplo muestra en letras de gran tamaño un rótulo en el que se puede leer "lomo a la pimienta". Sin embargo, si nos fijamos detenidamente en el etiquetado podremos ver que en realidad no se trata de lomo de cerdo, sino de fiambre de lomo.


Si observamos el etiquetado veremos que el lomo a la pimienta es en realidad fiambre de lomo cocido. ¿Lo de mostrar "Norma B.O.E. 9/XI/81" es para dar apariencia de rigor o me lo parece a mí ?


¿Y cuál es la diferencia? Pues ocurre algo parecido a lo que ya hemos visto en el caso del jamón york y el fiambre de jamón y a lo que vimos en su día acerca de los preparados cárnicos: el fiambre de lomo se elabora a partir de un lomo al que se inyecta agua, por lo que en su formulación se permite la utilización de ingredientes y aditivos que ayudan a retenerla, como fécula de patata, leche en polvo o proteína de soja. Esto se traduce en que el "fiambre de lomo" contiene una menor cantidad de carne que el "lomo" (observa que el producto de este ejemplo contiene solamente un 52,6% de lomo). Aunque parezca mentira, a estas alturas todavía hay muchas personas que desconocen la diferencia entre "lomo" y "fiambre de lomo" y se sienten engañadas una vez que tienen conocimiento de ello. Sin embargo, esta práctica es perfectamente legal (siempre y cuando se declare correctamente en el etiquetado, claro está). Y ya que estamos con el tema, no puedo dejar de denunciar desde aquí las malas prácticas de muchos bares, bocadillerías y demás establecimientos hosteleros del territorio nacional que sirven fiambre de lomo y lo venden como si fuera lomo (afortunadamente también hay muchos otros que son honestos).


Estos son sólo algunos ejemplos. ¿Conoces algún otro? Si es así y quieres que aparezcan en este blog, puedes escribir a la dirección de correo que figura en el margen derecho.


Conclusiones

Una de las causas por las que el consumidor se siente engañado tras adquirir un alimento es la utilización de una marca comercial equívoca por parte de la empresa productora. Tanto si esta práctica es intencionada como si no lo es, y hasta que la Administración tome medidas al respecto (si es que lo llega a hacer), el consumidor podría evitar sorpresas desagradables si leyera el etiquetado con detenimiento.

Nota aclaratoria: tras la publicación de este artículo veo que muchas personas confunden varios aspectos. Debes tener claro que el hecho de que el etiquetado de un alimento pueda resultar engañoso no está relacionado necesariamente con la seguridad alimentaria ni con las propiedades nutricionales. 

Fuentes

http://revista.consumer.es/web/es/20131001/actualidad/tema_de_portada/77509.php
http://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/2006/10/20/25419.php
http://www.magrama.gob.es/es/alimentacion/temas/consumo-y-comercializacion-y-distribucion-alimentaria/etiquetado_06_tcm7-8061.pdf
http://www.boe.es/boe/dias/1981/11/09/pdfs/A26303-26303.pdf
http://www.boe.es/boe/dias/1981/11/09/pdfs/A26300-26300.pdf
http://www.boe.es/boe/dias/1999/08/24/pdfs/A31410-31418.pdf
http://www.boe.es/boe/dias/1983/07/05/pdfs/A18679-18687.pdf
http://www.boe.es/boe/dias/2013/03/29/pdfs/BOE-A-2013-3402.pdf
http://www.boe.es/boe/dias/1998/11/24/pdfs/A38510-38514.pdf


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Tengo el placer de anunciar que esta semana el blog ocupa la segunda posición en la clasificación parcial de los Premios Bitácoras 2013. ¡¡Muchas gracias a todos!! (Te recuerdo que si aún no has votado puedes hacerlo aquí).


lunes, 7 de octubre de 2013

¿Existen las grasas sin calorías?

Como sabrás, las grasas contribuyen notablemente al sabor de los alimentos, lo que explica que, en general, la comida guste más con aceite que sin ella. Lo que ya no suele gustar tanto, por aquello de mantener la línea, es su elevada densidad calórica (9 kcal/g), así que muchos sueñan con la existencia de aceites sin calorías... y esto es precisamente lo que prometen o insinúan algunos productos que existen en el mercado. Pero ¿es algo realmente posible o nos están engañando? A continuación veremos seis de estos productos y si realmente son lo que parecen ser...



1. Aceite de oliva La Masía 0,0

El primero de los productos de nuestra lista es quizá el más desconcertante. De hecho, cuando lo vi por primera vez no supe muy bien por dónde iban los tiros...



En el etiquetado se puede leer: "Aceite de Oliva La Masía 0,0. Tus fritos con un 50% menos de aceite. Especial frituras. Dura más". Oleomasía S.A., Sevilla, España.


¿Qué te parece? Es obvio que el etiquetado de este aceite guarda parecidos más que razonables con el de la cerveza San Miguel 0,0 así que, por asociación de ideas, lo primero que podemos pensar es que si el "0,0" de la cerveza se debe a su ausencia de alcohol, el "0,0" del aceite podría deberse a su "ausencia de grasa", o quizá a su "ausencia de calorías".




Sin embargo, eso no tiene sentido alguno. Recuerda que se trata de 'aceite de oliva', (denominación legal para designar la mezcla de aceite de oliva refinado y aceite de oliva virgen o virgen extra), así que eso de que no contiene grasa es casi como decir que el hielo no contiene agua, por poner un ejemplo; vamos, que no es posible. Y con respecto a las calorías, sucede algo parecido: tampoco tiene sentido eso de que el aceite de oliva no aporta energía, ya que en realidad aporta 9 kcal/g (y de hecho, así se muestra en el etiquetado de este producto).


En el etiquetado del aceite La Masía 0,0 se puede ver que 100 ml aportan 824 kcal (es decir, unas 9 kcal/g). También se aprecia su composición: aceite de oliva refinado y aceite de oliva virgen extra.

¿A qué se refiere entonces ese "0,0"? ¿Quizá a que contiene menos de un 0,1% de aceite de oliva virgen extra? ¿Quizá a la acidez? ¿A algún otro parámetro? Tras una infructuosa búsqueda de información que pudiera aclararme este misterio, no me quedó más remedio que preguntar directamente a la propia empresa que produce este aceite, desde donde me respondieron amablemente lo siguiente: "El '0,0' es una marca registrada que trata de evocar las características del producto en la fritura ya que los fritos absorben menos grasa". Es decir, mientras que en la cerveza el término "0,0" se supone que se refiere a la bebida con un contenido de alcohol inferior al 0,1% (ya hablamos de ello en un artículo anterior), en el aceite La Masía ese término "0,0" no se refiere a ningún parámetro del producto, sino que es simplemente una marca registrada por la empresa para "tratar de evocar las características del producto en la fritura".


2. Aceite "Acalórico" Ordesa

El segundo producto de nuestra lista es un aceite que se ha puesto de moda a raíz de la famosa dieta Dukan, y que se anuncia de la siguiente forma:


Anuncio del aceite Ordesa en la puerta de una farmacia (la imagen tiene poco color por efecto del sol).


¿Es cierto que apenas tiene calorías? Pues eso parece. Según se puede leer en su página web, este producto "aporta un 90% menos de calorías que otros aceites" (lo que no quiere decir que sea "acalórico", como indica su nombre comercial). ¿Y cómo es eso posible? Pues es posible porque está compuesto por un 10% de aceite de oliva y un 90% de aceite de parafina, un aceite mineral derivado del petróleo, que no es digerido por el organismo. Y es que en realidad este producto no es un alimento, sino un medicamento que se vende sin receta médica y, obviamente, sólo en farmacias. Ahora bien ¿sabe el consumidor qué es lo que está comprando realmente cuando adquiere este aceite? O dicho de otro modo, ¿deja claro la empresa que lo que vende es un medicamento compuesto por aceite de parafina y no un alimento? Esto es fundamental, no sólo por motivos éticos, sino porque la ley que regula la publicidad de los medicamentos de uso humano establece que toda publicidad destinada al público deberá realizarse de manera tal que quede claramente especificado que el producto objeto de publicidad es un medicamento. Además esta ley prohíbe expresamente que se equipare el medicamento a un producto alimenticio. ¿Cumple la publicidad del aceite Ordesa estos dos requisitos? Veamos.

Si nos fijamos en el cartel publicitario anterior, podemos ver que en él se indica lo siguiente: "aceite de parafina" (en la parte superior derecha) y "Lea las instrucciones de este medicamento y consulte al farmacéutico" (en la parte inferior izquierda), así que queda claro que se cumple el primero de los requisitos anteriores, aunque desde mi punto de vista, el tamaño y la posición de estos rótulos dejan bastante que desear, ya que podrían pasar fácilmente inadvertidos para muchas personas. A esto hay que sumarle que lo que más claramente se aprecia en el cartel, es la imagen de una aceitera vertiendo aceite sobre una ensalada, lo que podría sugerir al consumidor que lo que se está publicitando es un alimento y no un medicamento. Eso por no mencionar que, en mi opinión, dicha imagen representa una "sutil" equiparación entre este medicamento y el aceite de oliva, que es el líquido amarillento que espera encontrarse uno en una aceitera.

En la página web del producto ocurre algo parecido: se muestra una advertencia que indica que lo que se está anunciando es un medicamento, aunque no es fácil de ver, ya que no aparece en la página de inicio ni en una página principal, sino que hay que buscarla en un submenú. Pero eso no es todo. Navegando por la web, a uno puede darle la impresión de que lo que se está publicitando es un alimento compuesto principalmente por grasas vegetales, en lugar de un medicamento constituido básicamente por aceite de parafina: se muestran recetas elaboradas con este producto, se dedica un apartado a hablar de la dieta y de las bondades de los aceites vegetales y, sobre todo, se muestran frases como la siguiente: "Gracias a su origen vegetal y mineral, el Aceite Acalórico de Ordesa contiene un 90% menos de calorías que otros aceites vegetales". Como puedes ver, en este texto se da prioridad a la composición vegetal del producto, cuando en realidad solamente contiene un 10% de aceite de oliva. Pero quizá lo más llamativo es que se hace una comparación con "otros aceites vegetales", dando a entender que este producto también lo es (y por lo tanto se equipara a un alimento), cuando en realidad es un medicamento compuesto por un 90% de aceite mineral. Esteo, en mi opinión, incumpliría la Directiva 2006/1147CE sobre publicidad engañosa y publicidad comparativa. La web incumple otras exigencias y recomendaciones que se recogen en la Guía del Sistema Nacional de Salud para la publicidad de medicamentos de uso humano dirigida al público, como por ejemplo: se muestran los datos de contacto del laboratorio (número de teléfono y de fax), no se indica la fecha de última actualización de la web y no se muestra un rótulo azul como el siguiente:






Anuncio del Aceite Acalórico Ordesa para televisión. Como puedes ver, al final del mismo sí se incluye la advertencia de que este producto es un medicamento.


Debes saber que la administración sanitaria controla desde el punto de vista sanitario y en defensa de los consumidores todos los proyectos publicitarios dirigidos al público de los medicamentos sin prescripción en los diferentes medios de comunicación, otorgando un código numérico (Control Previo Sanitario o CPS) a los que considera que cumplen los requisitos. Y esto es precisamente lo que ha considerado acerca de estos proyectos publicitarios, a pesar de las cuestiones que acabamos de comentar... Pero no nos detengamos más en la publicidad y veamos en qué consiste este producto exactamente.



¿Qué es el aceite de parafina?
"Aceite de parafina" es un término genérico que se emplea para describir cualquier mezcla sólida o líquida de hidrocarburos alifáticos saturados y purificados que se obtienen a partir del petróleo. Existen diferentes tipos, que se clasifican en función de su viscosidad, aunque el que nos interesa en este caso es la parafina líquida, que se obtiene por destilación del petróleo y posterior purificación. Se trata de un aceite mineral incoloro, inodoro e insípido, lo que explica que en la composición del aceite Ordesa se incluya un 10% de aceite de oliva, que es el que aporta color, olor y sabor al producto. Una particularidad de la parafina líquida es que no es digerida por el organismo. Por ese motivo se comercializa, desde hace relativamente poco tiempo, como "coadyuvante en dietas de adelgazamiento" (según figura en la publicidad del aceite Ordesa). Sin embargo, este aceite se ha utilizado tradicionalmente como laxante (y aún hoy se comercializa como tal), debido a que pasa a través del tracto intestinal sin ser metabolizado, de manera que actúa como lubricante y reblandece las heces, facilitando así su expulsión. Si nos fijamos en el prospecto del aceite Ordesa, podremos leer lo siguiente: "Indicaciones: Sobrepeso, obesidad, estreñimiento, pereza intestinal. Curas de adelgazamiento en diabéticos, hipertensos, reumáticos, etc. Arteriosclerosis"




¿El consumo de este aceite entraña algún riesgo para la salud?
Lo primero y más importante que debes saber, es que este aceite solamente puede consumirse crudo, como ya se advierte en su prospecto y en su página web, ya que si lo utilizáramos para cocinar, las elevadas temperaturas transformarían algunos de sus compuestos en otros potencialmente tóxicos, además de provocar su volatilización. Entonces, ¿consumido en crudo es seguro para la salud? Hemos mencionado que este producto es un derivado del petróleo, algo que siempre asusta al consumidor, pero se considera que el consumo de este aceite no plantea problemas de toxicidad. Ahora bien, eso no quiere decir que no pueda provocar ciertos efectos adversos que, por cierto, no figuran en el prospecto del aceite Ordesa y que, según las fuentes consultadas, hacen que este producto sea inapropiado para uso regular:

  • Incontinencia anal e irritación y prurito anal.
  • Según algunos estudios, el aceite de parafina puede interferir en la absorción de vitaminas liposolubles (A, D, E y K) (por eso, en el prospecto del aceite Ordesa se puede leer: "La adición de caroteno, evita los inconvenientes que podría presentar una medicación prolongada a base de parafina, al suministrar vitamina A"). Aunque también hay que señalar que otros estudios consideran que esta afirmación es infundada. 
  • Puede ser absorbida por la pared intestinal, acumulándose en los tejidos y causando granulomas de cuerpo extraño, aunque existe controversia en torno a este último punto.
  • Si entra en los pulmones, puede producir neumonía lipoidea. Por eso se recomienda no administrar a personas propensas a sufrir aspiración pulmonar durante la ingestión, tales como ancianos, inválidos, disfágicos y niños de corta edad.
  • La sobredosificación puede producir diarrea y, por consiguiente, pérdida de electrólitos, calambres, retortijones y debilidad muscular.
  • Uso en mujeres embarazadas o lactantes: la guía de práctica clínica del American Gastroenterological Association Institute sobre la utilización de medicación gastrointestinal durante el embarazo, comenta en relación a los laxantes, que el aceite de parafina se considera perjudicial y no debe ser utilizado. La FDA cataloga este aceite con una categoría de riesgo C, añadiendo que se ha de evitar por riesgo de coagulopatía neonatal y hemorragia. Considera además que en mujeres lactantes es posiblemente no seguro.


Dosis de consumo
Como puedes imaginar, los posibles efectos adversos derivados de este producto dependen directamente de la cantidad y frecuencia de consumo. ¿Qué nos dice el prospecto del aceite Ordesa acerca de la dosis de consumo? Pues lo cierto es que no se especifica ninguna dosis concreta. Lo que se muestra es lo siguiente: "Dosificación: Según criterio facultativo. Una cucharada sopera de aceite contiene 15 g de grasa. Una cucharada de Aceite Acalórico Ordesa contiene 1,5 g de grasa, lo que permite aliñar los alimentos generosamente". Recuerda que este medicamento se vende sin receta, así que es fácil que el criterio facultativo no llegue a oídos del consumidor. Por otra parte, la segunda frase parece incitar al consumo, lo que incumpliría las directrices establecidas en la Guía sobre publicidad de medicamentos que hemos comentado anteriormente. Finalmente resulta, cuanto menos, curioso que en el apartado dedicado a las incompatibilidades se indica lo siguiente: "No se conocen incompatibilidades específicas a las dosis recomendadas", cuando en el prospecto no se establecen recomendaciones de uso, así que ¿qué dosis son esas?

Como seguramente sepas, la parafina se emplea además en la industria alimentaria (por ejemplo, para recubrir la superficie del papel con el que envuelven el fiambre en la charcutería), así que fue evaluada por el Comité Científico de Alimentos (SCF) y por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA). Este último estableció una ingesta diaria admisible (IDA) de 20 mg/kg de peso corporal/día para el aceite de parafina, lo que supone un consumo diario de 1,4 g de aceite para una persona de 70 kg de peso (más o menos la décima parte de una cuchara sopera).



3. Salatrim

El salatrim es un "sucedáneo del aceite" que se utiliza como sustituto de algunas grasas en la elaboración de ciertos alimentos, debido a que su aporte calórico es menor (concretamente, aporta 6 kcal/g frente a las 9 kcal/g de la grasa convencional). ¿En qué consiste exactamente este compuesto? Si sigues habitualmente este blog, sabrás que las grasas y los aceites están constituidos por triglicéridos, que son un tipo de lípido formado por una molécula de glicerol a la que se unen tres ácidos grasos, cada uno de los cuales puede ser diferente (tener enlaces saturados o insaturados, tener diferente longitud, etc.).


En esta imagen se representa la unión del glicerol con tres ácidos grasos (izquierda) para formar un triglicérido (derecha), reacción en la que se liberan tres moléculas de agua. Como puedes ver, los ácidos grasos están formados por una cadena de átomos de cabono que puede tener diferente longitud (en función del número de carbonos) (Fuente). Puedes ver más información aquí.


Pues bien, el salatrim, (acrónimo del inglés short- and long-chain acyl tryglycerid molecule [moléculas aciltrigléridas de cadena corta y larga]) es una familia de triglicéridos formados por moléculas de glicerol unidas a ácidos grasos de cadena larga (es decir, de más de 12 átomos de carbono) y ácidos grasos de cadena corta  (de menos de 6 átomos de carbono).


Estructura simplificada del salatrim, en la que se representa una molécula de glicerol unida a dos ácidos grasos de cadena corta (en las posiciones 1 y 3) y a un ácido graso de cadena larga (en la posición 2). (Fuente)


¿Por qué el salatrim aporta menos calorías que la grasa convencional? Pues básicamente por dos motivos. El primero de ellos es que los ácidos grasos de cadena corta que lo componen (como acético, propiónico y butírico) aportan menos energía que los ácidos grasos de cadena larga que habitualmente forman parte de la grasa convencional. A esto hay que sumarle además que, el ácido graso de cadena larga que forma parte del salatrim (ácido esteárico), es poco absorbido por el intestino.

Este sustituto lipídico fue aprobado por la Comisión Europea en el año 2003 para su uso en panadería y confitería, tras la propuesta formulada por la empresa Danisco, que registró este compuesto bajo el nombre de Benefat. (El salatrim no puede emplearse para frituras, ya que las elevadas temperaturas pueden hidrolizar los triglicéridos, causando entre otras cosas, sabores desgradables). En la normativa se establece que los alimentos elaborados con salatrim deben mostrarse tres advertencias:

  • la primera de ellas, debe decir textualmente: "lípido de contenido energético reducido (salatrim)".
  • además debe incluirse una advertencia en el sentido de que un consumo excesivo puede provocar perturbaciones gastrointestinales. Según se muestra en la normativa: "El Comité científico de la alimentación humana ha constatado que los únicos efectos no deseables del salatrim observados en algunos estudios sobre la tolerancia en el ser humano eran trastornos gastrointestinales en caso de consumo de grandes cantidades (o sea, más de 30 g/día). Estos trastornos debidos a una intolerancia gastrointestinal se remedian por lo general fácilmente dejando de consumir el producto". 
  • por último, el etiquetado contendrá una advertencia en la que se informe de que el producto no está destinado a ser consumido por niños. En la normativa se especifica lo siguiente:  "El Comité científico de la alimentación humana también ha constatado que no hay datos sobre los efectos del consumo de productos alimenticios que contengan salatrim por parte de los niños, ya que no es probable que éstos consuman productos destinados a personas que optan por un régimen hipocalórico para controlar su peso. En consecuencia, conviene introducir una advertencia en el etiquetado que informe al consumidor de que los niños no deben consumir productos que contienen salatrim".



4. Caprenin

Otra estrategia similar a la del salatrim, pero con un resultado menos satisfactorio, es la aplicada en otro sustituto lipídico, el caprenin. Se trata de un tipo de triglicérido derivado de la esterificación del glicerol con ácido cáprico, ácido caprílico y ácido behénico, que lanzó al mercado la empresa Procter & Gamble como simulador de las propiedades del aceite de coco. El ácido behénico es un ácido graso saturado de cadena muy larga (22 carbonos) que es sólo parcialmente absorbido por el organismo, mientras que el cáprico y el caprílico son de cadena media y son absorbidos y metabolizados de forma distinta a la de los ácidos grasos de cadena larga, con lo que el aporte final del caprenin es de solamente unas 4-5 kcal/g. Este compuesto contiene casi un 50% de ácido behénico en su composición, y fue utilizado en un principio como ingrediente de golosinas, y se planteaba su potencial uso para otros productos, como los de panadería. No obstante, el caprenin no tuvo el mismo éxito que el salatrim, y entró en desuso a mediados de la década de 1990, dado que en determinados estudios se pudo comprobar que presentaba un efecto negativo sobre el metabolismo de las lipoproteínas LDL/HDL en humanos.


El caprenin se desarrolló como un sustituto al aceite de coco. (Fuente)



5. Bohenin

Otro compuesto similar a los anteriores es el bohenin, un triglicérido formado por glicerol unido a los ácidos grasos behénico-oleico-behénico que aporta unas 5 kcal/g y que fue desarrollado por la empresa japonesa Fuji Oil. El bohenin fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para su uso en la elaboración de chocolate (en una cantidad máxima del 5%), con el fin de evitar la aparición de manchas blanquecinas, aunque en Europa aún no ha sido aprobado.

Las manchas blanquecinas que puedes ver en el chocolate de la derecha, pueden evitarse empleando bohenin en la elaboración. (Hablaremos sobre este asunto en otra ocasión). (Fuente)


6. Olestra

Este sustituto de la grasa sigue una estrategia diferente a la de los tres compuestos anteriores (salatrim, caprenin, bohenin). Se trata de un polímero formado por una molécula de sacarosa unida a cinco o más ácidos grasos de entre 6 y 8 átomos de carbono, de modo que en función de estos, la olestra será sólida o líquida a temperatura ambiente. Las propiedades organolépticas de la olestra (aspecto, olor, sabor, textura), son similares a las de la grasa de los alimentos a la que debe sustituir, pero con la diferencia de que no puede ser hidrolizada por las lipasas gástrica o pancreática (enzimas encargadas de fragmentar los triglicéridos), lo que la convierte en una molécula demasiado grande para ser absorbida por el tracto gastrointestinal. Así, la olestra no puede ser metabolizada y no puede aportar energía, por lo que es una grasa considerada de tipo acalórico.


Animación que representa la molécula de olestra. (Fuente)

El uso de este compuesto, desarrollado por la empresa Procter & Gamble y comercializado bajo el nombre de Oleosan, está permitido en Estados Unidos como sustituto de la grasa en diversos alimentos, como snacks salados, patatas fritas chips, chips de tortilla y galletas saladas. Cabe destacar que, a diferencia de los compuestos que acabamos de mencionar, la olestra es estable a las elevadas temperaturas que se alcanzan durante la fritura.


Las patatas fritas con olestra se comercializaban en Estados Unidos hasta hace unos años. (Fuente)


¿La olestra es segura para la salud? 
Tras realizar diversos trabajos de investigación sobre los aspectos de seguridad relacionados con la olestra, se llegó a la conclusión de que no es tóxica, ni mutagénica, ni carcinógena, ni teratógena, y en definitiva, se considera segura para la salud. Ahora bien, tras los primeros estudios en torno a su seguridad, se llegó a la conclusión de que su consumo podía causar determinados problemas abdominales (como dolores y heces sueltas) y afectar al estado nutricional, al dificultar la absorción de nutrientes liposolubles. Por ello se consideró que los productores de alimentos con olestra debían añadir las vitaminas liposolubles A, D, E y K para evitar carencias y además debían informar de estos problemas en el etiquetado del producto. Sin embargo, a partir de las revisiones científicas que se realizaron posteriormente, la FDA concluyó que el aviso no era necesario, ya que los problemas abdominales se presentaban en raras ocasiones (eso sí, la obligación de añadir vitaminas A, D, E y K sigue vigente). En cualquier caso, el mensaje había calado ya en la población, y la olestra fue en general poco aceptada, por lo que en la actualidad apenas se utiliza.


Antes del año 2003 los productos elaborados con olestra debían mostrar este aviso en su etiquetado: "Este producto contiene olestra. Olestra puede causar dolor abdominal e incontinencia. Olestra inhibe la absorción de algunas vitaminas y otros nutrientes. Se han añadido vitaminas A, D, E y K". (Fuente)




Estos que acabamos de mencionar son quizá los ejemplos más conocidos de sustitutos lipídicos, pero existen otros, como los triglicéridos constituidos por ácidos grasos de cadena media.


Conclusiones

- En el mercado existen algunos aceites que aparentemente no aportan calorías y que pueden llevar a engaño al consumidor, como es el caso del aceite 0,0 (en realidad, aceite de oliva que aporta 9 kcal/g) o del aceite Ordesa (que realmente es un medicamento constituido por un 90% de aceite de parafina y un 10% de aceite de oliva).

- Por otra parte, sí existen algunos sucedáneos de aceites que realmente aportan pocas calorías (en torno a 5-6 kcal/g), como saletrim, caprenin y bohenin, consistentes en triglicéridos unidos a determinados ácidos grasos. Otros, como olestra (compuesto formado por sacarosa y ácidos grasos), incluso no aportan ninguna caloría, al no ser digeribles. Eso sí, hay que tener en cuenta que presentan ciertos inconvenientes lo que hace que su uso sea limitado.

- Finalmente hay que tener presente que, a pesar de la mala fama que tienen los lípidos, se trata de nutrientes imprescindibles para el correcto funcionamiento de nuestro organismo, así que no debemos evitar su consumo. Es cierto que su densidad calórica es elevada (más que la de carbohidratos y proteínas), pero, como ya mencionamos en un artículo anterior, para prevenir la ganancia de peso en adultos sanos resulta de mayor importancia el control de la ingesta energética total que el de la ingesta de grasas totales. En otras palabras, se puede bajar de peso (o mantenerlo) sin eliminar o reducir los lípidos de la dieta. Lo importante es la dieta en su conjunto (alimentos que la componen, cantidad y frecuencia de consumo), además de otros factores no menos importantes, como la práctica de ejercicio físico y los factores genéticos.



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Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento a @_SergioGR, @sther_rubio y @juan_revenga por ponerme sobre la pista del aceite La Masía 0,0.

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Fuentes


http://www.aceiteacalorico.com/
https://www.ordesa.es/productos/ficha/aceite_acalorico_ordesa_medicamento_sin_receta/76
http://www.eldietista.es/pdf/aceite-acalorico-Ordesa.pdf
http://www.murciasalud.es/preevid.php?op=mostrar_pregunta&id=19272&idsec=453
http://www.inchem.org/documents/jecfa/jecmono/v48aje08.htm
http://www.inchem.org/documents/jecfa/jecmono/v35je10.htm
http://www.inchem.org/documents/jecfa/jecmono/v50je04.htm
http://www.drugs.com/cdi/mineral-oil-liquid.html
http://www.sciencedaily.com/releases/2008/11/081124102706.htm
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8606037
http://www.vademecum.es/medicamento-aceite+acalorico+ordesa_prospecto_45744
http://www.aemps.gob.es/legislacion/espana/otrosTemas/docs/publicidad/rcl_1994_2219.pdf
http://www.gustavheess.com/pdf_esp/0125esp.pdf
http://www.gustavheess.com/pdf_esp/0125seg.pdf
http://www.blog.dietetica.eldietista.es/2011/06/aceite-acalorico.html
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http://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/ciencia-y-tecnologia/2012/06/28/210618.php
http://www.aemps.gob.es/cima/especialidad.do?metodo=verFichaWordPdf&codigo=64258&formato=pdf&formulario=FICHAS
http://www.lamoncloa.gob.es/nr/rdonlyres/40218cb3-a4c2-4aa8-94d7-9327fc595df4/165682/guiadelsnsdepublicidaddirigidaalpblico.pdf
http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/doc/2704.pdf
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Imagen: http://www.sabor-artesano.com/aceite-oliva-antioxidante.htm
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